Cosas de cocina

Inmediatamente después del desayuno, suelo ponerme a cocinar. Esto significa que aún estoy en ropa de casa; pijama y bata. Esta mañana, mientras me hallaba en esa situación, se me ha ocurrido pensar que yo no podría hacer esos videos de recetas que tan de moda están y que todo el mundo cuelga en sus web o en, las así llamadas, diversas redes sociales, porque, claro, no es cuestión de aparecer de esa guisa ante miles de ojos.

También pensé que era lo de menos, porque casi todos los que acceden a mi página o bien están intentando venderme viagra o son amigos y parientes que ya me han visto en mis horas más bajas alguna vez.

Como la mente vuela, no sólo me entretenía en estos pensamientos, sino que, buscando una buena receta para renovar un primero de alcachofas, recordé algo que decía mi madre: Como no tengo de esto, le pongo esto otro que es parecido. Efectivamente. La receta decía: Póngale manzana reineta, y yo, tras dar una ojeada al cesto de la fruta, agarré dos ciruelas, las laminé y las eché al sofrito de perejil y ajo picado. Más adelante decía: Añada una cucharadita de mostaza de Dijon. Me fui rauda a la nevera, convencida de que allí había un bote. Pero, no. No había mostaza de Dijon. Así que saqué unas cuantas alcaparras y las agregué al sofrito. Mi mente seguía dando vueltas. Las ciruelas no tienen esa carne harinosa que tienen las manzanas, así que esta salsa va a quedar con poco cuerpo. Solución: añadir unos polvillos de puré de patata. Tras darle vueltas en la sartén a aquel amasijo de cosas heterogéneas y que en nada se parecían a la receta original, seguí leyendo: Páselo por la batidora y agréguelo a las alcachofas previamente cocidas, ajuste el punto de sal y déjelas dar un hervor. Eso hice. Aquí era fácil seguir la receta, pues tengo batidora y las alcachofas ya estaban cocidas. Ajusté el punto de sal y ¡voilà! un plato estupendo.

Os he dado una buena idea para renovar las recetas de alcachofas y os he ahorrado el verme con los pelos de punta y la cara de dormir. Pero la mente seguía trabajando y la vieja máxima culinaria de mi madre me volvió a la cabeza. Una oleada de ternura me invadió y sentí una fuerte añoranza de su presencia. Ella murió hace quince años y yo jamás cociné con ella. Casi se me saltan las lágrimas. No en vano una amiga mía decía que lo peor es añorar lo que nunca se ha tenido.

Para que luego digan que cocinar es alienante, que es un oficio obligado y aburrido, que es una pérdida de tiempo.

Espero que os gusten las alcachofas en salsa de ciruelas.

 

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