Fabricando recuerdos

En junio de este año nos juntamos los chicos/as del preu 1965. Podía haber sido un encuentro simplemente nostálgico y luego cada cual a su tarea y a su vida. Pero se creó algo más que un simple encuentro. Se creó una especie de necesidad de repetir los encuentros, como si quisiéramos, sin decirlo, proveernos de nuevos recuerdos que tuvieran sentido a la edad de la que ahora gozamos. Son diez minutos los que podemos dedicar a los quince años. Sin embargo, nuestras vidas de hoy, cuando ya tenemos hijos mayores, cuando ya hemos realizado toda nuestra tarea profesional, no se conforman con las chiquilladas. Aquello no basta. De manera no premeditada, unos y otros hemos ido buscando las ocasiones de vernos; de dos en dos, de tres en tres, de cuatro en cuatro o de diez en diez.

De eso se va haciendo la vida. Ya podemos decir: ¿Te acuerdas cuando nos vimos en Madrid? ¿Te acuerdas de cuando nos encontramos en Murcia o en Almería o en Alicante? Estamos fabricando recuerdos que tengan nuestra identidad actual, no la de aquellos jovencitos y jovencitas que apenas nos asomábamos al mundo, sin saber muy bien qué era todo aquello. Unos arrastrando timideces, otros haciéndonos los valientes y los que dominaban el terreno. Todos con la falta de seso propia de la edad, pero con la voluntad firme de convertirnos en hombres y mujeres de provecho, como decían nuestros padres. Y ahí estamos, tejiendo nuevos lazos, cuando ya estamos al final del camino y con las tareas hechas; esas que no se terminan hasta que no acaba la vida, pero sin un horizonte lejano y desconocido como el que preveíamos en 1965.

Alguien dijo no hace mucho que esto era amor. Es posible. Amor a la vida, amor a darle sentido y a no dejarse llevar por la inercia de recuerdos ya añejos. Viva la vida, viva el amor, viva la amistad.

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