Cuando se escribe un libro

Los pasados días 11 y 12 de mayo tuve ocasión de presentar mi libro de relatos de Centroamérica en dos sedes muy diferentes y con presentadores también diferentes, pero todos unidos por un  par de rasgos comunes; la amistad y su buen conocimiento de la literatura y sus entresijos.

La recepción que hicieron de mis relatos es verdaderamente enriquecedora. Cuando se escribe un libro de creación, si no se es -como es mi caso- una autora consagrada, se enfrenta uno a una serie de incertidumbres que, finalmente, lo pueden llevar a meter el manuscrito en un cajón y no mostrárselo a nadie. Pero el atrevimiento es mayúsculo si uno decide intentar publicarlo. Si el editor se muestra favorable, se tiene a veces la sensación de estar engañando al pobre incauto que se ha prestado a ello. Si el interés por publicar el libro tiene detrás una intención solidaria, entonces cabe la sospecha de que el editor se deja por aquello de hacer una buena obra. Sin embargo, en el momento en que el texto empieza a tener lectores profanos en materia literaria y que dicen que está muy bien, que es entretenido y curioso, que les ha emocionado aquí o allá, en ese momento uno empieza a sospechar que ni el editor es un ingenuo ni solamente una persona solidaria. Si además, cuando llega el momento, varios especialistas, aunque amigos, se prestan a acompañarte en la aventura, poniendo su nombre junto al tuyo y lo analizan con esmero y sacan a relucir sus claves y le encuentran sus gracias al texto, uno empieza a notar que se le escapan suspiros porque, hasta ese instante, había estado conteniendo la respiración.

Como uno ha lidiado ya en muchas plazas, sabe cuándo el aplauso es desmayado y cuándo cordial, cuándo procede de las palmas de adheridos totalmente acríticos o es espontáneo y sincero. Tengo que decir que me he llevado la alegría de que, sin exagerar, el texto les ha gustado, lo han seguido con interés, lo han escudriñado y examinado como si fuera el de alguien que merece figurar en las historias de la literatura. No han hecho un elogio del tono ‘porque esta chica me cae bien’ y eso es muy de agradecer porque te da la medida de lo que has hecho.

Es muy difícil que uno sea objetivo con su propio trabajo. Es cierto que yo misma me he dedicado al análisis literario durante años y además soy lectora incansable, ello da un cierto poso para saber cuando una cosa es medio buena, buena o muy mala o pésima. Tengo que decir que cuando remataba cada historia, si era de las que hacen reír, me reía y si de las que hacen llorar, se me saltaban las lágrimas. Este puede ser un buen barómetro para detectar si algo es bueno o malo en literatura. Si te engancha y te provoca emociones, si sientes que has aprendido algo o te ha hecho pensar, si te indigna o te sientes identificado, estás ante algo que merece la pena. Posiblemente no alcance el Premio Nobel, pero es digno y no una piltrafa. Eso me pasaba a mí al releer mis relatos. Cuando pasan unos meses, si además te provoca el asombro de pensar que tú has escrito aquello que casi te parece imposible que haya salido de tu mano y tu cabeza, quiere decir que la cosa no está tan mal.

Pues bien, eso me ha sucedido con este libro de relatos De la ceiba y el quetzal, en esos trece cuentos están muchas de mis experiencias directas o recibidas en las estancias en Centroamérica; los personajes se parecen mucho a algunas personas reales, aunque sus peripecias sean ficticias, pero son posibles. Allí son posibles. De manera que en un tono amable y empático, estos cuentos son un retrato de un mundo que transito cada año con dolor y admiración y con gran respeto.

Cuando se escribe un libro para hacerse famoso es posible que uno intente rodearse de plumas ya famosas por si se le pega algo del lustre ajeno. Como no es el caso, lo que yo escogí, además de ser grandes especialistas, es a amigos de muchos años, compañeros de fatigas en muchos aspectos, personas que me conocen y que conocen a mi familia, en algunos casos. Podría haber invitado a estas presentaciones también a personas insignes, para hacerme la foto con ellas y robar un poco de su luz, pero invité a amigos fieles y cariñosos que acudieron y disfrutaron como yo de la sesión. Hubo algunas ausencias excusadas y excusables, pero hubo también ausencias inexcusadas que no por ser menos esperadas dejan de sorprender. Aquellos que no van porque no son capaces de un acto de generosidad, que queda compensado por la presencia de otros que siempre han sido generosos y siempre han estado disponibles, cuando a ellos sería más fácil excusarlos. En fin, a todos, mi cariño, mi agradecimiento y ya sé que van a estar siempre que cuente con ellos. A los que no, pues ellos se lo pierden.

La primera de las presentaciones fue en un lugar significativo para mí; allí me examiné de oposiciones, allí había defendido mi tesis y luego me convertí en miembro del tribunal de muchas otras, alli me acompañaron Carmen Díaz Bautista y Javier del Prado, así como el editor Francisco Marín. Cuando tenga los textos de los dos los colgaré en esta página para que los disfrutéis.

En la segunda de las presentaciones, con la Salta Sta. Mónica de la Parroquia de los Agustinos de La Vaguada no tenía yo más vínculo que el presentador, José María Torrijos, testigo privilegiado del día de mi boda; es decir, el cura que me casó. Pero no estaba allí solo por eso, sino porque, como los dos anteriores amigos, es un buen escritor, un buen especialista en literatura y una persona de sensibilidad y gracia muy notables.

Han sido dos días de fiesta; acudieron muchos compañeros de la Facultad y una presencia especial, Pedro Martínez Montávez, mi maestro, otros amigos de los primeros días de la juventud y compañeros recién recuperados con los que compartí los años del Instituto de Enseñanza Media. A todos ellos mi agradecimiento por venir, por estar, por compartir y por leer el libro.Faculweb1

Interviene el editor (ed. Gollarín, Caravaca de la Cruz) Francisco Marín

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Interviene Carmen Díaz Bautista

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En la intervención de Javier

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Vista general de la Sala de Grados de la Facultad de Filología

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José María Torrijos y la autora.losdelPreu

Los chicos del Instituto

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