¿Por qué escribes?

Desde que publiqué mi último libro, llevo haciendo presentaciones del mismo en diversos lugares. En esos actos es frecuente que alguien pregunte: ¿por qué escribes? Al principio me resultó una pregunta sin sentido, pero es normal que quienes no suelen escribir se pregunten por qué alguien lo hace. Así que me obligué a buscar razones, pues hasta la dicha pregunta para mí escribir era algo necesario y obvio.

Después de escudriñar en mi interior, me di cuenta de que escribo para pensar. De manera particular para pensar y formular mis pensamientos ante tantos estímulos como nos asaltan día a día. Para ponerles un ejemplo de lo que intento contar voy a enumerar unos cuantos casos. No tienen mucha relación entre sí y te asaltan desde las noticias de los periódicos, desde las conversaciones con personas conocidas o amigas, con los hijos o escuchadas mientras me tomo un café en una terraza. Otras proceden de lo que dicen o callan los políticos y muchas de ellas me obligarían a salir con una pancarta a la calle. Para eso, indudablemente, tendría que tener un eslogan más o menos claro que dibujar en ella. Así que me paro, reflexiono y trato de llegar a alguna conclusión.

Empezaremos por una cualquiera de esas provocaciones; los profesores de primaria y secundaria están desconcertados y amenazan con manifestarse porque no saben que ley de educación están convirtiendo en práctica docente. De manera concreta: No saben qué tipo de exámenes han de ponerles a sus alumnos para que superen las dos revalidas de la última reforma. Esta cuestión me recordó algo ya vivido con mis hijos cuando cursaban COU. Resulta que, por poner un ejemplo, tenían una asignatura de Filosofía. Hojeé el libro y me pareció fantástico. Hacía una magnífica Historia de la Filosofía y sugería montones de lecturas apropiadas y reveladoras. Pero a lo largo del curso, los muchachos y muchachas sólo estudiaron a Aristóteles, Platón, Kant, Marx y alguno más porque esos eran los que solían preguntar en COU. Me temo que los estudiaron descontextualizados y no en una secuencia lógica de avance del pensamiento, de las mudanzas del mismo que son una revelación de las inquietudes de los hombres y de su desarrollo a lo largo de siglos. Conclusión, mis hijos no tienen ni idea de para qué sirve la Filosofía y desde luego han olvidado aquellos conocimientos inconexos.

Pensando en esto me digo: Bueno, se trata de aprender esa materia, la que sea, a un nivel adecuado según la edad del estudiante. Lo lógico es pensar que conocida la materia, el estudiante superará el examen le pregunten lo que le pregunten que esté dentro de su nivel y es indiferente la manera en que se lo pregunten; mediante test, mediante desarrollos temáticos o mediante preguntas más elaboradas. Pero no debe ser así. La cosa es que hay que saber qué me van a preguntar y cómo y sólo me aprendo eso.  Me desconciertan los planteamientos de los profesores.

Me comentan que hay no sé cuántos temas de oposición para ser profesor de secundaria de una materia o varias. Los opositores suelen preparar un tercio de esos temas y esperan a que suene la flauta. Si suena, aprueban sin plaza, pero pueden acceder a las listas de interinidades y suplencias y se ponen a dar clase. ¿Cómo dan clase sin saberse todo el temario? ¡Ah! en realidad lo que deben saber y para eso se preparan es cómo se hace el examen y eso es lo que quieren transmitir a sus alumnos: No que sepan una materia, sino que aprueben que luego ya está todo hecho.

Cuando llego a este punto en el análisis la frase que resume mi conclusión es: Mi mundo no es de este reino.

Otra provocación. Veo al señor Correa, ese presunto chorizo, con su pelo peculiar, su tono melifluo, pero cargado de soberbia, contar cómo sacaba comisiones y se las repartía con responsables políticos y cómo esa era una práctica habitual. Todo el mundo lo hace que dice el personaje de Roldán con cara de no haber roto un plato en esa magnífica película (no tanto ficción) de ‘El hombre de las mil caras’, en la que el espía y trapacero es el único que tiene un poquito de vergüenza torera (dentro de un orden).

Aún así, soltando esas cosas que dice, parece que se reserva otras peores porque ello le beneficia. Este señor sí que se ha preparado bien su examen. Sabía qué le iban a preguntar y va  por nota. Pero, arrepentimiento, ganas de servir a la justicia, reconocimiento de que esas cosas no se hacen, de eso nada.

Mientras, los responsables del partido en el banquillo dicen que ya eso es pasado y que hay que mirar al futuro, que ellos saben perfectamente lo que hay que hacer para sacar adelante al país y amenazan con crear 400.000 puestos de trabajo con sólo que les dejen gobernar un ratito más. Al mismo tiempo los de la oposición (PSOE) se dividen entre los que quieren seguir diciendo que no, que esas cosas están mal y que no pueden permitir que gobierne, ni siquiera un ratito, esos que lo daban por bueno o que lo consideran un pasado lejano. Y otros dicen que nos abstenemos unos pocos  (abstención técnica lo llaman), que gobiernen y les marcamos el paso desde la oposición.

Ante esto, yo como votante, me siento perpleja. Si vamos a unas elecciones, además de hacer el ridículo parece, resulta que los corruptos subirán en votos y el partido de la oposición se hundirá en la más negra de las simas. Les pasarán por delante unos que no tienen experiencia de gobierno, que son unos teóricos y además maestros en presentar la cara que mejor convenga según las circunstancias. Bueno, pues no entiendo nada. Comprendo que no se quiera dar paso a corruptos, entiendo que se pueda uno abstenerse haciendo de tripas corazón y luego tire de la cuerda todo lo que sus fuerzas le permitan para reconducir las propuestas de ese gobierno que no ha hecho sino machacar a los de la clase media y más abajo y favorecer a chorizos y al capital que no tiene patria. Pero no comprendo que puedan subir en votos partidos que se sientan en masa en diversos banquillos y que no piden ni perdón ni apuestan por la transparencia.

Llegados a este punto, no sé si es que yo me aprendí las materias y no sé hacer un examen para aprobarlo o si, definitivamente, mi mundo no es de este reino.

¿Ven ahora por qué tengo que escribir? Esto es una maraña que ni escrita tiene sentido.

Otro día les contaré por qué escribo.

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