La Habana es Cádiz

Mi abuelo materno se libró por los pelos de ir a la Guerra de Cuba. Nadie se alegró tanto nunca de la pérdida de una colonia. Unos tíos suyos emigraron allá y, al parecer, hicieron fortuna en un lugar llamado Camajuaní. No se si desaparecieron, si fueron balseros o se afiliaron al partido. Puede incluso que algún descendiente ande por Miami festejando que se murió Fidel.

Hace unos días, una prima mía me envió una fotocopia de mi examen de ingreso de bachiller. Año de 1959. Significativo en la lucha por la libertad en Cuba. Desde entonces, me he pasado la vida oyendo y viendo a Fidel y ahora se acaba de morir.

Se ha dicho hasta el aburrimiento que para unos (derechas) era solo un dictador más y que para otros (izquierdas) era un revolucionario. Como pasa casi siempre, todos tenían razón. Se convirtió en un dictador, después de haber sido un revolucionario. Pero lo que pocos han dicho, además de su culto a la palabra, que era un hombre con una fuerte personalidad, con carisma y con un discurso utópico del que han desaparecido hasta las trazas. Fidel posiblemente fue todo lo que se dice de él, mas fue una persona muy inteligente. Nada mediocre.

En un mundo en el que estamos rodeados de botarates, falsos mesías y falsos revolucionarios que jamás se han tirado al monte, que tienen un discurso manido, aprendido en los libros o que sale de ese fondo inhumano que todos tenemos, la desaparición de una figura como la de Fidel, no deja de ser, con todos sus defectos, una gran pérdida.

Puso en evidencia las pérfidas políticas del Imperio respecto a América latina; ese llamado ‘patio de atrás’.  Se vio abocado a unirse a la Unión Soviética como tantos otros que querían tener una presencia en el mundo que les era negada. Pero hizo algo aún mejor: alfabetizó y dio sanidad a mucha gente. Sus médicos todavía ayudan en diversos lugares, a los que no iríamos ni atados con una soga, como por ejemplo las colonias en torno a Tegucigalpa, en las que la miseria, el abandono y la violencia están presentes cada día.

Es verdad que empobreció a su pueblo y lo redujo a una miseria relativa muy igualitaria. Yo conozco Cuba desde dentro. No he ido allá de turismo. Inculcó un espíritu de superación no competitivo que para nosotros querríamos. Pero, permitió nuevos modos de corrupción. Todos los seres humanos tenemos luces y sombras. Fidel llenó nuestros espíritus jóvenes de la ilusión de que un mundo mejor y diferente era posible y también nos arruinó esa ilusión. Como tantos otros que solo y simplemente nos arruinaron la esperanza y nos la siguen machacando a ver si ya nos rendimos.

Triste es ver cómo unos festejan la muerte de alguien. Seguro que solo miran a su propia experiencia, a sus pérdidas. Eso les permite ignorar que el mundo hubo un momento en que parecía que podía ser mejor, a pesar de todos los reproches que se puedan hacer. La historia le hará justicia. Yo también lo espero y justicia no es señalar lo blanco o lo negro, sino señalar todos los matices intermedios.

 

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