La responsabilidad del arte

Ayer, como otras veces, asistí a una charla sobre pintura. Ya saben los que me siguen que es una de mis pasiones y también que, en ese tipo de actos, posiblemente por un cierto tic heredado de mi época asamblearia, suelo levantar la mano y preguntar cosas.

Al socaire de una alusión a Delacroix y de la responsabilidad del arte expresada en la ‘moralidad’ de lo caro de una pieza artística o un montaje, que salieron de las bocas de los intervinientes, se produjo mi pregunta.

Haré un inciso para que se entienda cuál era el sentido de mi pregunta sobre todo porque puede ser que alguien no esté muy familiarizado con la figura de Delacroix. Este señor, además de francés y gran pintor, fue embajador de  su país en una misión diplomática a Marruecos en torno a 1832, inmediatamente después de que se estableciera la colonia francesa sobre Argelia. En aquel momento, romanticismo, estaba poniéndose de moda el interés en Europa por el buen salvaje, las culturas primitivas y el exotismo de vestimentas y costumbres ajenas (entre los exóticos figuraba España, casualmente), muchas de esas cosas inspiradas en la visión que proporcionaban las Mil y una noches traducidas al francés. El señor Delacroix llevó a cabo dos tipos de obras; unas menores que figuran en sus cuadernos de viaje; son apuntes del natural que reflejan la realidad que estaba mirando, casitas blancas y chumberas, mujeres cargadas con haces de leña, hombres de toscas chilabas sin teñir montando a mujeriegas sobre asnos diminutos, etc. etc. Las otras obras son de gran tamaño, como el encuentro con el sultán de Marruecos ante las murallas de Fez o las célebres y múltiples odaliscas y mujeres en el baño tantas veces difundidas.

Lo que hacía el señor Delacroix era ver una realidad y tomar nota, para luego literaturizar otra realidad y pintarla a gran tamaño. Su pintura contribuyó en buena medida, junto a la de otros artistas, a crear una imagen de los árabes tocada de exotismo y sensualidad, pero tuvo aún un efecto mayor; los propios árabes se reconocieron en esa pintura manipulada y manipuladora. El contribuyó a crear los símbolos que acompañaron a la mentalidad colonial. El le dio el poder de la imagen a muchas palabras.

Mi pregunta, tras este inciso un poco pedante, era: ¿Qué responsabilidad tiene el artista? Y van y me contestan que esa es pregunta para un filosofo, que eso no le concierne al artista, que este está mas preocupado de la luz y el color, de los materiales y del tamaño de su obra. Que su influencia social es nula y que más responsabilidad tienen los políticos y los banqueros.

¡Toma ya! Es lo único que se me ocurre que no suene feo en boca de una señora.

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