Talón alado

Se conmemoran los cuarenta años de la Constitución y cada cual hace su lectura, según el papel que le ha tocado representar en el presente y en las circunstancias actuales. Por ello, para unos se trata de un tiempo perdido para hacer justicia a los que eran perdedores de la guerra fratricida; otros piensan que no llegó a ser una revolución y por tanto engulló a sus líderes, dejando sólo a los que se adaptaron y siguieron en lo suyo; otros, en fin, están convencidos de que se trata de la mejor obra de los últimos dos siglos y eso, para ellos, significa que no hay que retocar en absoluto el cuarto de baño, aunque esté dotado de una turca.

Me indigna un poco que esto sea así, lo de los unos, los otros y los de más allá. Sobre todo porque en un número importante no vivieron aquella época. Alguno incluso habla de abuelos, equivocándose, porque eran sus padres realmente, a tanto llega su lejanía de aquella realidad. Y a pesar de no haberla vivido y de tener cerca a gente lúcida, que la vivió en plena juventud y dominio de su mente y cuerpo, se permiten interpretar los sentimientos (no ya las acciones) y hablan de miedo y de otras cosas que, desde luego, puede que alguien sintiera, pero que no representan el sentimiento general.

Los que vivimos aquella época, nos sentíamos esperanzados, nos sentíamos alegres e ilusionados con un futuro que estábamos construyendo, procurando dejar de lado las rencillas y resquemores. Teníamos la perspectiva de que había que construirlo todo de nuevo y que, a lo mejor, nos iba a quedar habitable, pero que en su momento lo tendríamos que modificar, porque cambiarían las circunstancias y las necesidades. No teníamos la idea de que aquello era palabra de Dios, intocable e iluminada. Era la labor de encaje de tendencias incluso centrípetas, pero que creían en el futuro. De hecho sólo se descolgaron de ella, se enrabietaron, los inmovilistas que sacarían las garras en 1981. Tan evidente fue que no eran representativos de la mayoría que el asunto no prosperó.

Hoy, en que seguimos inmersos en una crisis que nadie sabe resolver, cuando las distintas tendencias ideológicas parecen más ocupadas en sus propios intereses que en buscar soluciones y proponer cambios y sentimos que nos fallan la ilusión y la esperanza, por favor, no lean la historia privándola a ella también de la ilusión que ellos mismos han contribuido a desbaratar y a arrebatarnos. Pues con aquella ilusión se construyeron logros y hoy ni siquiera los han sabido mantener.

Me sentía deprimida, me sentía tocando fondo viendo este desazonador espectáculo, pero como soy mercuriana, mi talón alado me está sirviendo para remontar la pendiente en que nos han sumido. Parece por otra parte, que la evidencia de que están tocando el bombo está llevando a algunos a enmendarse y a buscar aspectos que conviene plantear y desarrollar. De lo que no parecen darse cuenta es de que sólo tienen que reconstruir, porque el edificio es sólido y no necesita sino reparaciones menores de aggiornamento. Pero ellos creen que están descubriendo la pólvora y yo me consuelo pensando en que soy mercuriana.

 

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