En el año de Gracia de 2017 (Parte I)

Introducción:

Este artículo, dada la importancia de su contenido, merece ser dividido en dos partes, al menos, para que ninguno de los grandes acontecimientos vividos en la noche del ocho de septiembre de este año del Señor de 2017 quede sin reseñar con toda la hondura que se merece.

En este año de Gracia, por fin, hemos alcanzado el honor de ser los Majos del Miño. Ha costado lo suyo y sobre todo mucha paciencia. Los procedimientos de elección no son exactamente democráticos, sino más bien dediles y tienen en cuenta la antigüedad y el capricho de los Majos salientes. Los méritos de nada valen, aunque no deja de sorprender la capacidad de algunos para prometer cosas, antes de la elección.

Nuestra elección, por otra parte justa ya que somos los últimos llegados a la comunidad electoral, hay que decir que no ha ido precedida de sobornos y falsas promesas. Incluso ha quedado bastante claro que no pensamos hacer nada de provecho por el conjunto de los ciudadanos que integran esta comunidad. Cada cual que se apañe, como así ha venido siendo. Ante todo se han de preservar las tradiciones.

De cualquier forma, sea justo o no el procedimiento o el resultado, porque eso ya vemos que no importa a nivel general y mucho menos ha de ser relevante a nivel tan local, lo cierto es que la velada contó con una serie de procesos a cual más importante, que se cumplieron con gran dedicación y participación de todos los presentes.

Hay que señalar como interesante la circunstancia de que el resto de vecinos, incluso aquellos que vienen a pasar el fin de semana, tuvieron la delicadeza de no personarse el viernes por la noche y sólo asomaron tímidamente el sábado a mediodía, cuando ya no quedaba ni rastro de los desmanes (¡uy, se me ha escapado!) de la noche anterior. He querido decir restos de la convocatoria. Es posible que la ausencia de personas de orden facilitara el desarrollo de los acontecimientos tal y como a continuación se detallan e ilustran gráficamente.

Convocados pertinentemente, utilizando el medio del boca a oído y también las últimas tecnologías, y hechos los preparativos de adquisición de condumio, a saber; pan, carnes diversas, tomates y bebidas, además de los sabrosos productos de Martínez (patatas, aceitunas y cascaruja) a quien Dios dé larga vida y prosperidad, los encargados de mantener el fuego vivo prepararon las planchas de hierro (elaboradas en la competente empresa de Mariano) sobre los fuegos de butano. Se hizo acopio de las bombonas convenientes, tras proteger las baldosas del patio de las salpicaduras.

Las carnes aportadas en forma de pinchos morunos, brochetas de pollo, hamburguesas, lomitos, chorizos y morcillas, amén de panceta (perdón, bacon, que es más adecuado) fueron cayendo sobre las planchas ardientes, tostándose convenientemente y derramando su estimulante olor por todos los rincones. El aspecto de todo ello quedó como sigue: Se poblaron las mesas de condumio y comensales. Manos iban y venían, llevando ya botellines, ya vasos de plástico, ya viandas a la boca de cada cual en un trajín incesante que no impedía, aunque digan lo que dicen las normas de urbanidad, que se hablara a gritos, se contaran chistes o se alabara la labor de quienes sudorosos atendían el fuego.

Para rebajar la intensidad de las grasas, también estuvo presente el humilde tomate. ¡Qué hubiera sido de la cultura mediterránea, si no se llega a descubrir América! Por eso, en este punto, estimo conveniente y agradecido lanzar tres ¡hurras! por Don Cristóbal Colón.

Entre los que manejaban el fuego es justo destacar la figura grácil de Isabel que conociendo la importancia nacional e internacional del evento debería haberse procurado un mandil más a la moda, aunque este puede que pase, por el efecto vintage. Es sin embargo de ley decir que no afeaba su natural donosura y elegancia.

Continuará…

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