Recetas para débiles

Con este título genérico que, en adelante, será el de recetas, simplemente, se inicia una nueva sección en esta página.

Al llegar a ciertas edades, todos, pero en particular las mujeres tenemos tendencia a engordar y esa gordura no se reparte uniformemente por todo el cuerpo. No. Se acumula allí donde más molesta: La tripa. A ello contribuyen los cambios hormonales, la vida más sedentaria o menos activa. Ya se sabe que como el refranero es listo existen múltiples evidencias en él de estos hechos: ‘Elegir entre la cara y el culo’; ‘o te ajamonas o te amojamas’ y muchos más.

Por otra parte, los instintos van perdiendo fuerza y queda como único refugio en el que dejarse llevar el de la gula. Pero no se quema todo lo que se consume y, entonces, sube el colesterol, el azúcar, la tensión; todo, menos las pensiones.

Vas al médico y este te recomienda que te comas las cosas a la plancha, que elimines las carnes rojas, que no comas mucho tomate ni patatas ni bollería ni harinas refinadas y por supuesto que no ingieras alcohol.

Te pasas, para morir más sano que nunca, a las harinas y pastas integrales, a las galletas, helados o bebidas sin azúcares añadidos (es decir con edulcorantes que igual son peores) y a los sucedáneos de la cerveza (0/0) o del tinto de verano (sin azúcar y 0/0). La vida se vuelve más pesada, mas monótona y por ende más triste. Estos años en que ya no tienes grandes obligaciones y responsabilidades y que podrían ser los mejores de tu vida, te los pasas esquivando alimentos que te alegraban el paladar y la existencia y tirándote de cabeza al insípido pavo. Aún así las analíticas siguen casi en donde estaban, a pesar de tanto sufrimiento y tanta pastillita, y empiezas a notar que te entran ganas de tirarlo todo por la ventana y morirte de un atracón, pero al menos contento.

Es terrible empezar a sentir esa tentación, de manera que lo mejor es buscarse la vida y emprenderla con trasformaciones en tus recetas. Eso es lo que vamos a hacer aquí. Ya que no queremos suicidarnos, pero tampoco estar tristes, vamos a modificar algunas recetas habituales y colocarlas en el ámbito de la ortodoxia. Si con ello aliviamos esta tensión a alguien, habremos logrado el objetivo.

Todos sabemos que el primer día de curso y el último a los niños les dan macarrones con tomate o hamburguesas. Bien, pues empecemos con los macarrones boloñesa.

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