De un cobarde que quiere ser un héroe

Una forma de parecerse a Peter Pan no es precisamente la de volar o luchar contra los piratas; es la de querer ser siempre un niño que vive en un mundo de sueños y que no desea comprometerse con sus acciones.

Hemos venido asistiendo a una especie de pantomima en la que unos representaban al parecer el papel de los ideales supremos, mientras que otros eran los malditos opresores, negadores de toda esperanza. Y era una pantomima, es decir un juego de espejos y sombras, basado en un discurso mentiroso que ahora llaman postverdad.

Pero quien ha sido protagonista excelso del lado de los soñadores, sigue fingiendo creer en su papel de niño díscolo y terrible, luchador por un gran proyecto y busca no sólo eludir sus responsabilidades, sino que aspira a convertirse en héroe.
No ve que que cuando se juega y se pierde, se paga una penalización. Cuando se manipula y no se consigue el objetivo, hay que ser consecuente y arrostrar las consecuencias.

Ah, no. No. A lo mejor no sólo quiere ser un héroe, sino que desea que como a los grandes libertadores se le haga una estatua ecuestre en el centro de un frondoso parque.

No quisiera yo verme en el papel del escultor.

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