Una buena marca

Veinte años de reloj nos separan. Para ser exactos veinte años y dos meses. Ella es la hermana mayor de mi marido. Pero no la registro aquí por su relación familiar conmigo, sino por otras muchas razones.

Maruja, como la llamamos en casa, es una mujer que ha sido durante muchos años una competente profesional de la Medicina, carrera que estudió después de haber hecho enfermería. Se dedicó a alergia infantil y, cuando se jubiló, decidió irse a vivir a la ciudad de la que toda la familia es originaria. Durante muchos años, su casa fue nuestra parada y fonda cuando visitábamos la ciudad. Aunque ella no tenía familia propia era sin duda una magnífica anfitriona y en su casa se estaba muy a gusto.

Han pasado los años y también nosotros, tras jubilarnos, hemos ido a dar en la misma ciudad. Ahora tenemos la ocasión de verla con mas frecuencia. De hecho se ha convertido en un hábito el ir a visitarla los domingos por la mañana y ponerla al tanto de nuestras novedades. Ha sido capaz de adaptarse a las dependencias propias de su mucha edad, aunque hay que decir que está como una flor. Gracias a Dios no tiene enfermedades notables, come y duerme bien y aunque le falla la memoria inmediata de vez en cuando, ya me gustaría a mí estar tan lúcida como ella.

Pero lo que me gusta más de ella es que es una mujer sabia. En todas sus elecciones a lo largo de la vida, ha acertado y eso es indicio de un recto pensar y un acorde proceder. Después de una vida muy activa y de ser una gran viajera, acepta la pereza que le da pensar ahora en largos desplazamientos o siquiera en una excursión. Muchas veces hemos hablado de los defectos de cada una y tiene perfectamente asumidos los suyos que, aunque le molestan y por más que lucha contra ellos, sabe que es batalla perdida. Su sabiduría llega a aceptar la dependencia con humor; un humor socarrón que es seña inequívoca de que es un espíritu libre y que obedece por aquello de que para qué beligerar.

En todos los terrenos tiene una profundidad de pensamiento y sentimientos que es notable. Su vida interior es rica y su fe es a prueba de bombas, sin que por ello sea una beata rezadora sin sentido o por hábito. Todos sus actos son ordenados y pensados y eso no supone en absoluto que sea una persona rígida, al contrario es tolerante y flexible y tiene las ideas muy claras. Conoce al dedillo sus principios a los que no renuncia, pero no intenta imponerlos a nadie.

En el empleo de sus bienes y haberes ha mostrado siempre una gran cordura y una sensatez digna de consideración. Siempre ha sido generosa sin alharacas y tiene un altísimo sentido de la justicia distributiva.

Es simpática, educada, divertida y elegante. En definitiva. lo dicho; una mujer sabia. Me alegra haber celebrado con ella este último cumpleaños y espero que podamos celebrar muchos más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *