Qué poco vale la vida de algunos

Un señor entra en un edificio oficial y sale, al parecer, troceado. Unos miran de lado, otros sueltan mutantes excusas y otros ‘lamentan el suceso’. Mientras esto ocurre en un lado del mundo, en otro se organiza una caravana de miles de personas que atraviesan ríos, montes y quebradas, para acercarse al sueño de una vida mejor o al menos escapar de una vida más bien mala.

No importa si mueren por el camino. En su tierra no tenían mucha esperanza de sobrevivir. Pero hay quienes les dicen que regresen a sus casas, porque no tienen derecho a  aspirar a una vida mejor. Por otra parte, es más cómodo que mueran en sus casas que no en el camino, en donde se va a enterar más gente de su negra suerte.

Saltan otros las alambradas y alguno muere en el intento. Nadie se para a pensar en la cantidad de sufrimiento que se ha derrochado hasta llegar allí, para luego morir de cualquier manera. El parte dice: parada cardiorrespiratoria. ¡Cómo si hubiera otra forma de morir! nadie que respire y le palpite el corazón está del todo muerto.

Pero si estas muertes, que no tienen más causa que el egoísmo colectivo y la indiferencia, son malas, la primera a la que me refería, esa depende sólo de una voluntad. De la de alguien que considera que es dueño y señor de la vida de otro ser humano. Si no procede de una voluntad única, sino más bien de la de un subalterno; ‘estricto cumplidor con su jefe’, es todavía peor. Alguien que se ha deshecho de su conciencia y la ha sustituido por la orden de su superior y llevado por el ‘exceso de celo’ se ha excedido en el empleo de la fuerza, causando la muerte de otro ser humano.

A dónde hemos llegado que estas cosas pasan y no son más que anécdotas en los noticiarios. Con lo difícil que es ser civilizado, el esfuerzo que exige no dejarse llevar por la fuerza bruta, el ejercicio del poder o los instintos más básicos. Todo aquello que significa la ‘virtus’ es decir, el dominio de uno mismo y de sus pasiones; eso es ser civilizado y lo estamos perdiendo a marchas forzadas, sin beneficio para nadie, además.

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