Murcia, presentación de Todos extraños (17-10-2019)

 

El acto comenzó con la mención de la grave situación que afecta al Mar Menor y a la marcha que en esos mismos instantes se estaba produciendo en las calles de nuestra ciudad. Todos hubiéramos querido estar en esa marcha. Pero teníamos la obligación, por razones de agenda y disponibilidad, de celebrar este acto en ese día y a la misma hora de la marcha. No obstante, en esta misma página encontraréis un texto sobre el Mar Menor.

Agradezco en estas líneas las palabras elogiosas de Francisco Marín, sin duda debidas a su aprecio más que a la calidad de mi obra. Sin embargo, se las acepto a pesar de las hipérboles porque sé que se las dictaba su afecto, su sensible corazón y su empatía.

Agradezco de todo corazón a Francisco Jarauta que, en medio de sus múltiples viajes y ocupaciones, haya dedicado a mi libro una lectura minuciosa y exigente. También sus elogios fueron certeros y clarividentes y se los agradezco mucho, pues dada su capacidad y su experiencia son muy valiosos.

Agradezco también con todo mi afecto a Paco Almagro su pequeña pieza de orfebrería en imágenes, inspirada en el texto, que sin duda alguna leyó con suma atención, sacando de él toda la esencia y todo el trasfondo simbólico. Gracias mil, Paco.

No sé si los asistentes al acto disfrutaron tanto como yo, pero yo me sentí no sólo halagada por las flores que me echaron, sino y fundamentalmente agradecida porque todos habían prestado una atención extrema a mi trabajo de creación y eso, en alguien que no tiene la garantía del reconocimiento general ni la fama, es muy de agradecer. Parece además que a todos los satisfizo lo suficiente como para no hacer una presentación de ‘salgo del paso’. Algo tendrá la obra que sin duda está escrita con mucho esfuerzo y depurada y depurada hasta que me pareció presentable. Espero que lo siguiente que escriba resulte igual de bien acogido.

Aquí os dejo unas imágenes de la sesión y también el video de Almagro que es un pequeña joya. Lástima que no os pueda ofrecer la intervención de Jarauta que fue muy certera, pero sólo llevaba unas notas y muchos subrayados por todo el texto. Así que… me quedo con las ganas de poder ponerla y de paso releerla. Eso sí, señaló que echaba de menos la toponimia de Nápoles, señaló la frecuencia de la adjetivación, pero aunque declaró que no es muy aficionado a los adjetivos, estos no parecieron estorbarle demasiado y finalmente señaló la equidistancia y neutralidad respecto a la Guerra civil española. A estos reproches  le he respondido por escrito, defendiendo mi postura.

En el primer caso, reproduzco lo que le comunico en mi carta:

Nápoles no era sino un lugar de paso. Un espacio entre dos mundos que no significaba más que un paréntesis en este relato y por tanto le bastaba con tener una atmósfera. Esta sí creo que está lograda. Cuando visité Nápoles hace algún tiempo me produjo esa impresión de una geografía muy bella, acompañada de impresionantes edificios, totalmente en decadencia, que salvaba su bello rostro gracias al brillo del sol tan particular en esa ciudad. En el episodio de Nápoles me interesa más el señalar la inestabilidad de la realidad y la amenaza que se cierne sobre todos, cosas y personas, y la encrucijada en donde hay una criada abisinia (un guiño contra Ungaretti) que representa la juventud y la belleza, frente a una patrona maternal pero marchita. Y la magnífica personalidad de ese sustituto del cónsul, comprometido con la república y contrario al fascismo, que tiene un pie en África, Orán, a donde tantos republicanos españoles fueron a refugiarse, sobre todo desde el Levante, y que toma café con cardamomo, en honor de su huésped, y habla en árabe oriental.

            El capítulo napolitano es quizá el relato más preciosista de toda la novela, posiblemente junto con la descripción de las casas y espacios en que habitan los Carles. Tanto uno como otro juegan el papel de escenario simbólico, cargado de alusiones y sugerencias.

Respecto al segundo reproche, el de la neutralidad, le decía:

Otra de las cuestiones que apreciaste es la ‘neutralidad’ de todos los personajes hacia la guerra civil. No es tan clara a mi modo de ver; es una neutralidad de conveniencia que encierra situaciones que rozan lo tragicómico, como el salvamento del muchacho judío. Hay que pensar que el Protectorado español fue, paradójicamente, el refugio de muchos ‘rojos’, republicanos, anarquistas, monárquicos y antifranquistas. Todos juntos. Muchos de ellos funcionarios que salvaron la vida gracias a su silencio. Hoy diríamos que era un silencio culpable, pero la vida no está tan llena de héroes como quisiéramos. Pero hay insinuaciones en ese fragmento de la novela tanto de palabra como por su posición; Ricardo de la Puente, inicia con su nombre el capítulo dedicado a la nueva familia Diab-Carles. El valor simbólico de ese nombre, un hombre que permaneció fiel a la república y que además era pariente de Franco, no sólo marca una posición, sino que señala a una posición de los personajes que juntos inician una nueva vida. Por supuesto marca una posición de la autora, creo yo, y una exigencia; no enredarse en quién fue peor. Iniciar con un mártir, tiene el peligro de hacer recuento de los mártires. Por otra parte, un hecho evidente.

Bueno espero que esta ligera crónica de una tarde memorable os sirva a los que me leéis en este marco como guía de lectura y reflexión sobre el texto que no es nunca inocente. Gracias a todos los que me seguís y os interesáis por mi escritura.

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