El seny

De veras que los catalanes -no todos, por supuesto, pero ya me entendéis- nos han estado dando la tabarra con su trasnochado y anacrónico separatismo. Pero hete aquí que llega el coronavirus y, de repente, nos dan una lección de buen sentido y buen hacer.

No han pedido que les resuelvan el problema económico, no han solicitado que les den ayudas para reflotar comercios, no han solicitado que saquen a las fuerzas de seguridad y al ejército, que se dedican a fumigar lugares o a repartir mascarillas, no han reclamado que el Gobierno sea centralista y anule las autonomías, no han piado porque el Estado comunista y totalitario esté privando a los ciudadanos de sus libertades y derechos constitucionales. No han salido el pie del Tibidabo a tocar  cacerolas, no le echan la culpa de los muertos al Presidente del Gobierno, no andan todo el rato diciendo que no van a aprobar otra prolongación del estado de alarma. Incluso, y esto es maravilloso, se han igualado a los más rancios castellanos en no reclamar pasar de fase ni en acusar al gobierno de no dejarles pasar a la fase 1 la 2 o la 3 simplemente por ganas de chincharles y por enemistad manifiesta, dadas las diferencias ideológicas.

Ellos, los catalanes, como Castilla y León, las cunas de los dos imperios más significados de la historia de la Península, se han centrado en lo que de verdad importa; el bienestar de los ciudadanos, que no cundan los contagios, que los enfermos salgan adelante, no quieren ganar carreras ni ganar elecciones, antes de que se convoquen. Están haciendo lo que deben hacer; pensar en el bien común y en que ‘lo primero es antes que lo demás’.

Es decir, están analizando la realidad lo más objetivamente que pueden y acomodándose a las directrices de los expertos en epidemias.  Es posible que si les preguntáramos nos dirían que tienen algunas otras prioridades por sectores; la educación, la economía, los inmigrantes, el campo y la recogida de cosechas, la industria, el turismo y esto y aquello y lo de más allá; según le preguntemos a cada sector, ese piensa que lo suyo va por delante. Sin embargo, en casos excepcionales como el presente, se deja de lado lo que cada cual quiere, se mira a lo que de veras se puede hacer para no empeorar la situación y se acatan las recomendaciones. No se hacen carreras para demostrar que se es más listo, más alto o más rubio.

El conjunto de esta forma de análisis y actuación se llama ‘seny’; es decir sentido común. No saben ustedes cuánto me alegro de que así sea. No en vano me llamo Montserrat y me dolía ver a un pueblo, al que pertenece toda mi familia materna,  haciendo el canelo, habiendo perdido la mejor de sus virtudes.

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