2013

¿Alguien ha caído en la cuenta de que este fin de año 2013 no nos han frito con la lista de acontecimientos ocurridos en el año que terminaba?

            Es curioso, pero en ningún periódico, telediario o programa, salvo en los del corazón –y en estos de forma muy somera- nos han recordado qué sucedió en 2013. Es más, han comenzado a recordarnos que hace un siglo, en 1914, el año en que nació mi padre, se inició la llamada Gran Guerra. La primera de las grandes guerras del siglo XX que hizo cambiar el mapa de Europa y las posiciones de las naciones de todo el mundo.

            Como suelo ser mal pensada y acierto, se me ocurre que si no nos recuerdan la sarta de corrupciones, robos, mentiras, desfalcos, estafas y otras cuestiones relacionadas con el mandamiento ‘no robarás’, ni tampoco las distintas variedades de asaltos, violencias, extorsiones, abusos, palizas, guerras que se refieren al mandato ‘no matarás’, así como no se mencionan las mentiras, los fingimientos, el cinismo, la desfachatez, que tienen que ver con ‘no levantarás falsos testimonios ni mentirás’, no es porque los hayan olvidado o se hayan disuelto en la nada, pues sus secuelas siguen ahí en forma de hambre, miseria y pérdidas de todo tipo, desde el trabajo digno a la vivienda, la salud o la tierra de uno. Cuántos muertos en Siria o Congo, cuántos ahogados en el mar tratando de alcanzar una orilla mejor, cuántos sufriendo frío y hambre, cuántas mujeres maltratadas, cuántos niños desnutridos o explotados, cuántos ancianos abandonados y enfermos.

No. Todas estas consecuencias de las contravenciones de los mandamientos no han desaparecido por arte de magia, ni tampoco se han resuelto, sino que los poderosos han optado por amenazarnos con el recuerdo de una gran guerra, para que – como dicen en mi pueblo- nos tentemos la ropa, antes de lanzarnos a protestar, no vaya a ser que tengamos otra gran guerra en este 14.

Sin embargo, el año 2013 ha sido el año de la gran guerra que se intenta esconder debajo de la capa de una ‘simple’ crisis económica. Se ha jugado en ese año con la vida de miles de personas, con su trabajo, con su salario, con su dignidad. Se le han cambiado las condiciones de vida y no sólo en lo material, también en todo aquello que es simbólico. Como en la guerra del 14 (1914), se ha acabado con una clase social; entonces con la aristocracia, ahora con la clase media. Pero si la aristocracia estaba desgastada y marchita en muchos aspectos, la clase media es aún y lo seguirá siendo, el pilar sobre el que se sostienen las naciones; ella es la clase que trabaja y que consume.            Como en el 14 (1914) ha cambiado el peso de la hegemonía de las naciones y han pagado un alto precio aquellos que ya entonces eran objeto de codicia (Oriente Medio). Todos se frotan ahora las manos y miran con ilusión este nuevo 14, porque han frenado a China, porque han equilibrado el valor del $ con el del €, porque USA va por delante de la UE en la recuperación económica, porque Rusia ha conseguido incluso una cierta victoria moral (¿).

Queridos amigos, el balance de 2013 no quiere ser recordado porque las guerras son dolorosas, frustran a los jóvenes porque o bien mueren o bien se quedan atascados en su desarrollo y formación, porque habría que compensar a quienes todo lo han perdido, porque habría que reponer la justicia. Porque hacen que algunos se hagan ricos y la mayoría sea más pobre, agrandando la brecha entre unos y otros.

Como en los alegres 20 (foxtrot y charleston) se nos obsequia con ‘pan y circo’. Las costumbres se vuelven ligeras, los valores desaparecen y cada cual va a lo suyo. Pero, ¡cuidado! renacen los nacionalismos, renace la xenofobia, renacen los fascismos, renace el matonismo y la sociedad se arma a sí misma porque no confía en las instituciones. Todos quieren tomarse la justicia por su mano. No sea que empecemos a vivir unos años de falsa alegría y recuperación para emprenderla otra vez como en 1939 (Segunda Guerra). Eso nos llevaría a tener que revivir exterminios aún mayores y nos obligaría a rescatar en su momento al movimiento hippy. Sería un siglo perdido del todo. Pero no el XX, sino el XXI.

Si piensan que soy tremendista en mis análisis –están en su derecho- sin embargo, la literatura y las artes son un buen indicador de por dónde anda el mundo: Me escama mucho tanta ‘ciencia ficción’ y tanta ‘novela histórica’, tanto rescate de las artesanías y el folklore. Esas fueron las grandes triunfadoras antes de la gran Guerra del 14.

En algo tienen razón, 2013 es un año para olvidar. Sin embargo, en la caja de Pandora quedó un leve pajarillo azul que voló; la esperanza. A mí me ha nacido Álvaro. El es mi pajarillo azul de la esperanza y la confianza en el futuro.

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