La escultura pública en Murcia I

Una de las cosas que llama la atención en la ciudad de Murcia es sin duda la cantidad de rincones insospechados en los que se puede apreciar una buena escultura o un conjunto de ellas. Desde las que  tienen su origen en el siglo XIX y que, de alguna manera, son réplica o se asemejan a muchas otras repartidas por toda la geografía del país, hasta aquellas que se deben a un artista local contemporáneo que dona o vende su obra al municipio.

Hace ya tiempo, en una de las primeras visitas que hice a una ruta que comprendía lugares emblemáticos de Murcia, como es el caso de los molinos del río Segura, espacio que conserva todo su encanto utilitario, pero que además se ha convertido en un espacio expositivo y museístico de primer orden, y al espléndido y activo Museo de Bellas Artes, enclavado en un espacio recuperado y excelente, pude contemplar con asombro unas pequeñas figuras femeninas en madera o barro que retrataban tipos femeninos de la zona con ternura, gracia y precisión. Aquellas pequeñas esculturas me llamaron la atención, pues aparecían descontextualizadas y decidí averiguar quien era su autor.

Antonio Campillo era el autor (1925-2009), natural de esta tierra, fue docente y escultor, probablemente de un éxito relativo en su momento, pero consagrado ya cuando estaba cercano a la muerte. Como siempre, una pena. Seguro que mucho mediocre le debió discutir sus formas simples y directas, su reducción a la esencia de los elementos que eran objeto de su interés, reclamándole una mayor acumulación de materia y forma.

Posiblemente Campillo se resistió e hizo bien, porque sus figuras, tanto las de bulto, como los relieves, respiran modernidad, tranquilidad y, en algunos casos, ese realismo equilibrado y sereno que apreciamos tanto en el retrato romano de la antigüedad. Es decir su obra puede ser contemplada como una innovación contemporánea en el arte de la escultura, pero también como piezas inscritas en una larga tradición de imágenes que reproducen lo más fielmente posible la realidad del retratado.

De esas mujeres gorditas, que se cansan, que siestean, que contemplan el mundo, que danzan o se acicalan, Campillo hace un retrato cargado de ternura y cercanía, pero al mismo tiempo las convierte en una abstracción conceptual de lo femenino, con tal clase de respeto y mimo que, aún convertidas en concepto, no las priva de su humanidad.

Alguien tuvo la feliz idea de dedicarle a Campillo un parquecillo que está en las confluencias de Marqués de los Vélez y Príncipe de Asturias y, al caminar, por aquello de que a ciertas edades es conveniente al menos hacer ese tipo de ejercicio, se encuentra uno con ese regalo inesperado y que se convierte en lugar de visita y peregrinaje.

Antonio Campillo
Antonio Campillo
La pechugona
La pechugona
La cigarra
La cigarra

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2 comentarios en “La escultura pública en Murcia I

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