El placer de la lectura

Hace un par de días, tuve el privilegio de asistir como ‘autora’ a una reunión de un Club de lectura. Por primera vez recibí la opinión de lectores de una de mis obras y fue verdaderamente gratificante. El presentador de la sesión, en un momento determinado, me preguntó acerca de cuál era el impulso que me movía a hacer las cosas que he hecho y hago, tanto en la escritura literaria, como en la profesional o bien como persona ocupada en acciones para el desarrollo. La verdad es que la pregunta me pilló a contrapelo. No me había pasado por la imaginación que alguien me preguntara por los motivos profundos de las cosas que hago y que tienen o han tenido cierta proyección; mi trabajo profesional, la escritura y la labor humanitaria.

A bote pronto hubiera contestado que me han ido viniendo a las manos y he respondido a una demanda. Tenía que vivir y por eso me busqué una profesión; necesitaba contar cosas y por eso escribo; hay muchas necesidades en el mundo y de alguna manera hay que contribuir a paliarlas.

Pero quizá se activó algo dentro de mí y la respuesta fue: Porque quiero transformar el mundo. Una vez en casa, me pareció que la respuesta era muy pretenciosa, pero en el fondo tengo que reconocer que era absolutamente sincera.

Este hecho me ha llevado a reflexionar sobre el asunto y, desde luego, me reafirmo en que siempre he querido transformar el mundo. Estoy plenamente convencida de que estamos aquí para hacer de él un lugar mejor y diferente del que recibimos, al menos en los defectos que somos capaces de detectar.

Cuando estudié mi carrera, fue por imposición. Mis intereses iban por otro lado, pero una vez que la concluí y comencé mi ejercicio profesional, fui descubriendo que había muchas cosas que mejorar en la pura metodología de la profesión, pero también en los temas y motivos que se podían escoger como objeto de interés e investigación. El mundo tenía demasiados prejuicios acerca de una cultura como la árabe y el islam, como para pasar sobre ellos, dedicándome a investigar únicamente en el pasado medieval. Durante muchos años he tratado de mostrar a mis alumnos así como a diversos auditorios que el islam es una gran religión y la cultura árabe posee grandes valores universales.

Cuando me inicié en la escritura creativa lo hice porque en mi casa, mi madre era una gran narradora y mi padre un buen poeta. La casa respiraba letras y era un juego habitual y un tema de conversación recurrente. De manera que me hallaba condicionada por el medio, sin duda. pero la verdad es que para poder escribir hay que observar el entorno y, en él, se perciben las desviaciones personales, sociales, políticas y de toda índole. Cambiar esa realidad en muchos casos absurda, en otros sufriente, y los más, decepcionante, es algo que se puede hacer desde un papel. El escritor es una especie de demiurgo que puede componer el mundo a su antojo y ello le permite resolver los conflictos, darles salida o si no es capaz al menos llevarlos hasta sus últimas consecuencias. Es frecuente ver como los problemas personales, la mayoría de las veces, se enquistan y se convierten en un círculo vicioso. El escritor puede dar testimonio de ello o cortar el nudo. En definitiva puede cambiar la realidad.

El mundo está necesitado de la voz de los que tienen voz para que hablen y actúen en nombre de los que carecen de ella y de capacidad de acción. Una labor humanitaria no consiste en ser caritativo, que también, sino en ser consciente de que si uno se viera en trance semejante le gustaría encontrar algún apoyo. Consiste en reconocer que lo que uno ha recibido es fruto de la gratuidad y que otros no reciben lo mismo. Es una forma de reponer la justicia y de mostrar empatía hacia quienes pertenecen a la misma raza humana. Lo más frecuente es que pensemos que nuestras buenas vidas son algo que nos merecemos o nos hemos ganado, y que aquellos que no disfrutan de los mismos bienes u oportunidades están pagando sus propias culpas o las de sus antepasados. Pensar de otro modo  y actuar en consecuencia supone una forma de transformación del mundo que trata de reponer la dignidad a todos los seres humanos.

A veces, una pregunta inteligente nos hace ser más inteligentes y poner nombre a las razones por las que actuamos. Gracias por leer mi libro, gracias por compartir los pensamientos que suscitó y gracias por hacer preguntas importantes que nos devuelven la oportunidad de dar razón de nosotros mismos.

Durante el taller de lectura
Durante el taller de lectura

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