Don Quijote light

A bombo y platillo se publicita una versión recortada de Don Quijote como modo de estimular a los jóvenes a que lean una de las mayores obras de la literatura universal.

Este fenómeno se repite de vez en cuando. Versiones para niños y adolescentes de la Biblia y de otras grandes obras, versiones con un ‘pachum-pachúm’ de fondo para vulgarizar la música clásica o aligerar la ópera.

Seamos un poco serios. Los niños deben empezar por leer lo que sea adecuado para cada edad y hay cientos de libros así con ilustraciones maravillosas. También hay piezas musicales, como los ballets y otras (la sinfonía de los juguetes, por ejemplo) que sirven perfectamente al fin de animar a oír música culta.

En una casa donde los padres leen y compran libros para sus hijos, donde escuchan música o los llevan a conciertos o tocan algún instrumento, ahí es donde se genera el buen lector y el buen auditor de música.

El Quijote es una gran novela renacentista que pretende, según los expertos, reconstruir una narración medieval de caballerías. Ese género, como tantas obras medievales, está lleno de digresiones, de pérdidas aparentes del hilo conductor, de escapes colaterales que no sólo sirven para enriquecer el texto, sino que muestran la mayor parte de las veces la erudición del autor. Esa erudición se cuela en nuestro conocimiento de manera suave, como en un juego, abriendo perspectivas múltiples, sin que nada de ello nos haga perder el interés por el meollo de la obra.

Leer un Quijote mutilado es como saltarse las páginas de descripciones prolijas para llegar al final del libro y saber quién se casa con quién o quién es el asesino.

La lectura compleja ejercita la paciencia, el gusto por lo prescindible y el detalle. Si el señor Dickens hubiera recortado sus historias para ir sólo a lo esencial, sin perderse en explicaciones o análisis de su época, probablemente los Papeles póstumos del Club Pickwick se habría reducido a unas veinte páginas insulsas y no sería hoy el equivalente al don Quijote en versión inglesa del siglo XIX.

En el mundo de las prisas y la rentabilidad, leer una novela de más de ciento cincuenta páginas es casi un desafío. ¿Por qué no presentarles a los adolescentes ese reto, en lugar de darles una versión light?

Hoy que todo ha de ser de ahora para ahora, posiblemente sea un buen ejercicio de aprendizaje conseguir que los muchachos empleen más de una hora al día en leer capítulo tras capítulo de la vida y peripecias de ese hidalgo aventurero que pone en solfa a todos los estamentos de su época.

Quizá de lo que se trata es de que no descubran, con esfuerzo, que hay que ser diferente, que hay que ser utópico, que hay que ser rebelde y no perder el aliento en el empeño.

No me gustan las versiones edulcoradas, mutiladas y reconstruidas. Lo siento, pero no recomendaré esa lectura. Tampoco lo haré con las versiones infantiles de las Mil y una noches, aunque algunos de sus pasajes sean plúmbeos, ni eliminaré de la Biblia aquello que no resulte políticamente correcto, como la violencia o los incestos. No. Me niego. Pero consentir en que las cosas se lean como fueron escritas necesita de contextualización, de seguimiento, de aclaraciones y de enseñanzas. Si no estamos dispuestos a guiar a nuestros hijos y a educarlos, entonces, dadles al menos un Quijote amañado. Menos es nada.

2 comentarios en “Don Quijote light

  1. Los que somos mayores recordamos los libros de la Colección Historias (Ed. Bruguera) como una fórmula mil veces más razonable de abrir puertas a la lectura que “engendrar” textos reescritos: dar una buena obra literaria, a la que se le insertaba un resumen, en viñetas, cada 3 páginas (“con 250 ilustraciones”, decía en el pie de la portada). Una de mis primeras novelas leídas, completa, fue “La cabaña del tío Tom”. Una perfecta invitación a dar el salto, desde lo facilón a lo auténtico, desde la síntesis a la obra completa.

    El Quijote resumido es como como la Biblia en verso: sucedáneos que en nada ayudan a la cultura. Así vamos; emails, whassapps, SMS, tuits, todo converge en tirar por la borda ese gran patrimonio que es nuestra lengua. Echamos a la olla del potaje anglicismos innecesarios -teniendo un léxico más rico que el anglosajón-, lo revolvemos con la “desortografía” y la ingramática”, y ¿para qué estudiar, para qué superarse? Correr, prisas, enviar, fast, very fast… No importa hacia dónde correr, sino correr.

    El cine es la guinda; en hora y media toda la historia, con el valor añadido de los efectos especiales, la eliminación de todo lo prescindible de la pesada obra literaria -reflexiones e interioridades de los personajes, esos farragosos textos que no hacen sino robar el valioso tiempo del lector/espectador-. La fórmula es dar imágenes impactantes, cuanto más explícitas mejor, para que no haya que pensar apenas.

    Sí, es cierto que nos hacemos mayores. Paradójicamente, aumentamos la esperanza de vida al tiempo que disminuimos la de vivir al día. Hoy, qué niño con un smartphone en sus manos perdería el tiempo escuchando al tío Tom…

    1. Efectivamente, la Colección Historias era de lo mejorcito que se ha hecho para favorecer la lectura en niños y adolescentes. Si tenías prisa por enterarte de cuál era el meollo de la novela, te leías las viñetas y, como casi siempre, si te enganchaba, podías leer el texto completo. Cuántas he leído yo de esas en las tardes desoficiadas de los veranos. Eso es lo que forma parte de mi gusto por leer y por escribir. Está en la base y sobre ella he ido construyendo mi propio mundo de letras. Letras de sopa, como se ve en esta página. Gracias por tu comentario, Rai, coleguilla. Da gusto que lo lean a uno y además que hagan comentarios con enjundia.

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