Un repaso al año 2014

Se acerca el fin de año y, como siempre, conviene hacer un repaso de novedades, disgustos, aciertos, buenos y malos ratos.

A veces resulta difícil clasificar todo aquello que uno vive en alguno de los casilleros establecidos. Con frecuencia y con el paso del tiempo, lo que nos pareció terrible se ha convertido en una experiencia positiva. La pérdida de alguien, amigo que se va o familiar que fallece, puede, tras el natural desasosiego y las lágrimas, transformarse en un modo de crecimiento personal o en el reconocimiento de que hemos salido ganando porque el amigo perdido no era tal.

Las cosas que salen mal o al menos no a nuestro gusto y según nuestra voluntad nos invitan a tomar otro rumbo, pues incluso en aquello que hacemos con la mejor intención, hay un margen de error importante, y solo con el paso del tiempo y precisamente por ser una equivocación, nos obligan a mirar en otra dirección y ser más creativos.

Como todos los años, alguien se nos ha marchado dejando un hueco difícil de llenar, pero, al mismo tiempo y por azar, nos viene a las manos la biografía de alguien que nos dejó tiempo atrás y ello supone una forma de recuperarlo.

Como todos los años, recibimos demostraciones de afecto, recuperamos amigos y compañeros perdidos, retomamos relaciones o nos convencemos de que con algunas personas una amistad es imposible, lo que no significa ni odio ni rencor, simplemente la aceptación de las limitaciones humanas; las suyas y las nuestras.

Como todos los años, los pequeños crecen, los jóvenes maduran y se arriesgan, los mayores envejecemos y nos conformamos con los recuerdos y con una especie de sabiduría que el tiempo, en compensación de su venganza, nos regala.

Dentro de casa sigue habiendo calor de hogar, cariño y buen entendimiento. Fuera, la cosa ya no es tan amable. Hay guerras estúpidas que destruyen vidas y esperanzas, que arrojan a la gente lejos de sus casas, dejándolas a la intemperie y a merced de la ayuda ajena, que no siempre llega o es eficaz, se arrasan monumentos milenarios en una repetición de la barbarie que nos retrotrae a los siglos oscuros, como si de veras algún siglo hubiera sido el de las luces.

Hay explotación, abusos y corrupción y muchos piensan que sólo con cambiar las leyes e incrementar los castigos, las persecuciones y amenazas, se volverán a imponer la justicia y la misericordia. Parece que aún no nos hemos convencido de que únicamente una transformación interior, un control de las pasiones y una intención decidida de rectitud pueden modificar el mundo.

En cualquier caso este 2014 que concluye no ha sido un año bueno. A los mayores se los carga con la responsabilidad de mantener a una familia extensa, ya sea cuidando de nietos o sufragando los gastos de hijos que están en el paro. A los jóvenes, se los empuja a irse lejos en busca de un lugar mejor o peor, pero donde tengan algo que hacer que les permita tener una vida activa, o bien se los contenta con un salario mínimo que es una vergüenza.  Aquellos que tienen toda la vida por delante no pueden hacer planes de futuro y los que la han dejado atrás y deberían descansar, se encuentran asumiendo tareas y cargas que ya no les tocan.

Nadie nos dice que estamos en plena posguerra y que, como todas las posguerras, son peores que la propia guerra. No es fácil sobrevivir, porque la guerra arrasó con los ideales, acabó con las clases sociales, destruyó el bienestar y dejó todo por reconstruir, cuando ya no quedan fuerzas para ello.

Sin embargo, esta situación de desolación ha despertado en algunos, hasta ahora apáticos o indiferentes, una cierta conciencia política. No son jóvenes revolucionarios, sino personas que se adentran en la madurez y que no quieren el mundo tal como se les ha planteado. Quieren renovarlo, retornar a las esencias, recuperar los valores. Ojalá lo consigan. Por lo pronto ya han sacudido a algunos bien establecidos y satisfechos de sí mismos. Eso siempre es bueno. En otros han sembrado el temor y el recelo. Estar un poco asustado tampoco es malo, si ello conduce a reflexionar y buscar nuevos senderos.

En fin, no es que crea en la magia del calendario, pero es reconfortante que cambiemos de año. Este año próximo será el de las mudanzas y los cambios. Posiblemente descubramos nuevos demonios, pero tal vez consigamos deshacernos de los viejos.

Deseo a todos un año de ojos abiertos, de expectativas diferentes, de anhelos por los que pelear, de ilusiones y esperanzas hacia las que seamos capaces de caminar. No olvidemos las lágrimas y los desengaños, pero caminemos con firmeza hacia la luz. No porque lo diga el gobierno, sino porque queremos un mundo mejor para nosotros y para los demás.

Deseo para todos una visión profética que no es la de la bola de cristal, sino la capacidad de desentrañar con acierto, rigor y mesura lo que ocurre a nuestro alrededor. Una visión profética que sepa mirar al mundo y a nosotros mismos como parte de un cosmos en el que todo es interdependiente; o como decía un sabio amigo: todo sea ‘inter-independiente’. En definitiva, que seamos capaces de ser libres y dependientes a la vez, pues no en vano no estamos hechos para vivir aislados ni para ser ajenos a la Naturaleza.

 

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