Desde Costa Rica a Panamá

Como se había planeado y se dio noticia en la entrega anterior, hicimos una estancia de una semana en Costa Rica, impartiendo un par de talleres a las aspirantes de la Congregación de las Terciarias Capuchinas, en la casa que estas tienen en la Ribera de Belén, junto a San José.

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Allí había un plantel de muchachas procedentes de diversos países con las que fue muy grato compartir ratos de trabajo, de comentarios acerca de sus inquietudes y proyectos, de su vocación y de su tiempo de formación. El último día que estuvimos allá nos hicieron una pequeña fiestecita, con cantos y bailes de sus respectivos países; Guatemala, Nicaragua, Venezuela y Colombia. La representante de Colombia era la Hna Marcela que tiene más de ochenta años y una gran vitalidad y simpatía. Con su voz de abuelita, con estilo, gracia y coquetería nos cantó una preciosa canción.

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Cantando una canción venezolana
Cantando una canción venezolana

Desde allí nos fuimos a la Casa Provincial, donde nos reunimos con las Hnas que en ella viven y con la ‘jefa’. El intercambio de pareceres fue muy provechoso de cara a los proyectos de apoyo que tenemos para con nuestras chicas del Hogar Luis Amigó y otras posibles colaboraciones, tanto en el terreno de la formación, como de la pastoral en otras de las obras que llevan a cabo.

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El viernes 13 tomamos un autobús que nos debía llevar hasta la frontera con Panamá. En el camino, que primero trepa a un monte de selva tropical húmeda y luego desciende hacia la costa, cubierta de otro bosque de bananeras, pasamos por varios lugares, como Jiménez, donde las Hnas. tienen otro Hogar para niñas y por Limón donde tienen un Colegio que visitamos hace un par de años.

Guabito

Al llegar a la frontera, hay que pasar los consabidos trámites del lado costarricense y atravesar un desvencijado puente de maderos y hierro que salva el caudaloso río Sixaola; el puente Guabito que es una verdadera y temible reliquia, sobre todo para los que tenemos vértigo, y repetir los trámites de entrada en el lado panameño.

Allí mismo, una vez superadas todas las pruebas, se agarra un microbus que te lleva hasta la ciudad de Almirante. Esta es una ciudad portuaria en su día establecida por la célebre compañía bananera estadounidense que colonizó bastantes territorios en Centroamérica. Esta compañía, United Fruit Company, desata pasiones en direcciones encontradas, pues si bien llevó el progreso a determinados lugares, también arrasó con los cultivos autóctonos y los unificó en el banano para la exportación, explotó a la mano de obra local, al tiempo que daba trabajo a poblaciones deprimidas; así que unos la amaban y se sentían agradecidos por las oportunidades que les brindó y otros se sentían explotados e invadidos.

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La población actual de Almirante es resto de los que en su día trabajaron para la bananera, más inmigrantes procedentes de Haití y Jamaica y autóctonos indígenas. Así que hay gente blanca, negra e indios americanos. Se habla inglés, español y varias lenguas locales.

El puerto actual recibe algunos cruceros, cargueros y un ferry que da servicio entre varios de los puertos cercanos. La bahía de Almirante está poblada por numerosas islas que reciben el nombre general de Bocas del Toro.

Mapa del archipiélago
Mapa del archipiélago

 

En esas islas hay comerciantes y algunos establecimientos que viven del turismo, sobre todo restaurantes. Las casas de estas islas son de estilo caribeño, con balcones corridos, sostenidos por columnas y pintadas de colores alegres y chillones.

Detalles de Bocas del Toro
Detalles de Bocas del Toro

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En Almirante, tierra firme como también la llaman, en cambio la vida es mucho más difícil, pues no hay mucho que hacer. Se ven edificios abandonados y arruinados, casas que han surgido espontáneamente sobre el manglar y las diversas corrientes marinas que se adentran en tierra y se mezclan con veneros que vierten al mar, lo que provoca que la mayoría de las casas sean palafitos sobre aguas semiestancadas y en donde la higiene es escasa.

La gente de color es esbelta y elegante en su porte y andares, de grandes ojos expresivos y largos cuellos. Los indígenas indios son más bien bajitos, de caras anchas y tez oscura y con rasgos que recuerdan sus posibles orígenes asiáticos. Hay también una creciente y reciente población china que se dedica al comercio y que está sustituyendo a los árabes que arribaron años atrás y que ya son de nacionalidad panameña en tercera o cuarta generación.

El clima es típicamente caribeño; brumas, nubes, brisas con aguaceros o lluvias persistentes y temperaturas elevadas con poca oscilación térmica entre el día y la noche. La vegetación es exuberante y el mar hermosísimo. Cuando se despejan las nieblas y desaparecen las nubes el colorido de la vegetación muestra todos sus matices, el mar se vuelve turquesa y deja ver la vida que bulle en su interior, incluso en las zonas donde atracan las lanchas que conectan Almirante con las islas.

Las noches sin bruma marina son esplendorosas de estrellas ya que la iluminación de la ciudad y la de las islas es bastante pobre, cuando no inexistente.

Nuestro propósito al hacer este viajecito a la zona era conocer las circunstancias y ver qué se podría hacer allá. Por supuesto enseguida surgen dos posibilidades: aportar formación en el terreno religioso, y aportar fondos para apoyar proyectos de desarrollo. La primera de estas opciones nos implica directamente y a ello estamos dispuestos, de manera que haciendo una programación adecuada con el debido tiempo, el próximo año posiblemente vengamos a impartir algún curso de Biblia y alguno de Liturgia. El segundo asunto necesita de la colaboración de más gente, pues se trata de recaudar fondos para acometer algún proyecto de desarrollo que dote de medios a algún grupo de personas, con el que mejore su calidad de vida.

Se nos presentó un proyecto en una zona no muy lejana a Almirante, pero sí carente de servicios como luz eléctrica y accesos. Esta zona, en la que viven unas 500 personas de pocos recursos económicos, sin embargo, muestra un gran dinamismo y la acción promotora de algunas mujeres. Su plan inicial es conseguir lo que llaman ‘cocinas ecológicas’. Se trata de un sistema construido con ladrillo refractario, cerrado por una plancha metálica que se prende y alcanza buena y duradera temperatura para cocinar con muy poca leña, así mismo posee una chimenea que elimina los humos fuera de la vivienda. El consumo de leña en esta zona donde no hay posibilidad de usar otro combustible ha deforestado gravemente el terreno y los humos que se quedaban dentro de la vivienda han causado numerosas enfermedades. El proyecto está en sus inicios, pero parece que se decidirán a solicitar adecuadamente el apoyo y procuraremos, en la medida de las posibilidades de Tacaná, atenderlo.

Aspecto de la cocina ecológica
Aspecto de la cocina ecológica
Noemí, una de las promotoras del proyecto de cocinas ecológicas
Noemí, una de las promotoras del proyecto de cocinas ecológicas
En las charlas a sexto grado
En las charlas a sexto grado

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Tras participar en varias sesiones con jóvenes, mujeres y personas de la las diversas zonas, así como del Colegio parroquial San José que dirigen las Hermanas, nos tomamos un día y medio de vacación para visitar en Bocas del Toro la punta de la isla, conocida como Boca del Drago, invitados por una de las Hermanas cuya familia ha residido en el lugar y aún reside.

Para llegar allá hay que tomar una lancha colectiva que volando sobre la superficie del mar tarda algo más de media hora en hacer la travesía. Una vez llegados a Bocas, hay que tomar un autobús que recorre la isla hacia el norte, hasta la punta del Drago. Allí la familia de nuestra anfitriona posee un restaurante y un alojamiento en plena naturaleza. Es un auténtico paraíso, casi sin explotar, en el que el manglar llega hasta el borde del mar, las estrellas de mar están posadas en la arena y el agua es de una total transparencia.

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Allí llegan pocos turistas que simplemente se bañan en las playas y regresan de noche a Bocas. El silencio nocturno es total, sólo animado por el rumor de las olas y el zumbido de cientos de insectos contra los que hay que protegerse.

Nos obsequiaron con una cena magnífica de mariscos y pescados y la regamos con unos vinillos españoles que habíamos llevado para corresponder a la generosidad de nuestros huéspedes.

Charlamos de todo mucho, nos reímos, disfrutamos del paisaje incomparable, de la magnífica comida, de un baño de mar fantástico y desconectamos de todo, durmiendo como piedras.

Conocimos a un cura polaco que está por allá de párroco y que, con gran entusiasmo y dedicación, celebró una eucaristía en una capillita cercana y nos comprometimos a echarle una mano en formación el próximo año, de manera que ya tenemos un par de compromisos o tres en la zona para el próximo viaje.

De algunas peculiaridades del lugar hablaremos en otra entrega. Ha sido una estancia breve, pero aprovechada y también encantadora. No siempre tiene uno la posibilidad de pasar unas horas en el paraíso.

Boca del Drago merece por sí sola un comentario aparte que irá en otra entrega. Fueron algo más de veinticuatro horas en aquel mágico lugar, pero la belleza es tanta que no se agota en unas pocas fotografías.

También el camino desde San José a Panamá merece comentario y vistas aparte, así que habrá que tener paciencia y esperar a que pueda mostrároslo.

 

 

 

3 comentarios en “Desde Costa Rica a Panamá

  1. Me encanta vuestro periplo misionero de este año. Voy leyendo y no me salen las cuentas de las horas del día con todas las actividades que acometéis.

    Un beso de un sobrino muy orgulloso de su tío y su tía 🙂

  2. La gente de estas zonas es pobre pero están mucho más alegres que los del primer mundo. Y vaya envidia de paisajes. Las fotos son estupendas.

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