Hasta pronto

Queridos amigos y lectores más o menos asiduos:

Como en los últimos años, nos vamos de nuevo a Centroamérica. Este año tenemos previsto pasar la mayor parte del tiempo, unas cuatro semanas, en el Hogar de Guatemala. Una semana en El Salvador, por primera vez, probablemente colaborando con una parroquia y conociendo el lugar y sus necesidades. Otra semana la dedicaremos a visitar a los becarios que tenemos dispersos aquí y allá, dentro de Guatemala. Como fin de fiesta y con el animo de aprovechar para descansar y encontrarnos con viejos amigos pasaremos seis días, antes de volver, en Mexico, visitando a un antiguo compañero de la Facultad al que apreciamos mucho y al que hace ahora ya casi diez años que no vemos.

Como otras veces pasaremos del frío del Altiplano guatemalteco al calor tórrido de El Salvador, así que hacer maleta resulta complicado, sobre todo contando con que no puede uno exceder el peso si no quiere pagarlo a peso de oro, nunca mejor dicho.

Este año, aunque siempre en el momento previo al viaje nos ataca la pereza, nos vamos contentos porque realmente se ha implicado bastante gente nueva en la tarea y gracias a su generosidad hemos recaudado algo mas de dinero que nos ha permitido acometer proyectos puntuales pero útiles y positivos, sobre todo para las niñas del Hogar. El barrio de Vistalegre se ha movilizado en varias ocasiones, aportando algo más que un grano de arena y, en particular, nos han prestado simpatía , amistad y apoyo moral que, para estas cosas, es casi más importante que el ‘mardito parné’.

Mantener la tensión de la solidaridad no es posible si no notas el aliento cálido de los que se sienten tocados por la iniciativa. Es verdad que nos gusta y nos compensa moralmente ir para allá, pero sin el empuje de los que nos arropan con su donativo y su ánimo, sería casi imposible, porque, como os digo, en casa se está muy bien y da bastante pereza dejar el confort y marcharse a corretear por el mundo, ya cuando uno va teniendo una edad y no se va de puras vacaciones. En definitiva, aunque seamos nosotros dos los que nos vamos, todos vosotros vais con nosotros y sentimos vuestro calor y apoyo. Gracias y seguid así. Mientras tanto echadnos de menos y nos volveremos a ver, Deo volente, a finales de abril.

En la medida en que lo permitan las conexiones, no siempre fáciles, os mandaremos relato de lo que vayamos haciendo y si no puede ser los colocaremos aquí.

Un fuerte abrazo.

Necrológicas

Soy de esas personas a las que les gusta leer necrológicas, tanto si se trata de simples esquelas, como si son panegíricos escritos por amigos o colegas. Me gustan y a veces me deprimen un poco porque resulta que me entero en ese momento de la existencia de una persona prominente de la que no conocía nada; ni sus escritos, ni sus hazañas, ni sus valores o aportaciones a la humanidad. Sin embargo, tiene su utilidad leer necrológicas ya que una vez sabido que aquella persona hizo esto o aquello, indago, me fijo, busco su obra y leo lo que otros dijeron de ella en vida o lo que ella misma dijo de sí, de su obra o de cualquier cosa. Se coge una culturilla bastante amplia con este hábito.

Las necrológicas tienen otro valor importante. Todos tenemos miedo a morirnos por aquello del temor a lo desconocido y en este mundo de encuestas, estadísticas y otros sistemas de medición de intenciones y realidades, cuando en un mismo año van unas cuantas esquelas y necrológicas de gente de tu misma edad o cercana, sientes como si tu propia muerte se alejara unos pasos o unos puntos por ciento en la estadística. No sirve de nada, pero te permite lanzar al menos un suspiro de alivio, tan efímero el alivio como el propio suspiro.

Lo que no obstante me parece terrible es que no aparezcan las esquelas ni las necrológicas de personas que han contado con mi admiración y respeto. Me asalta un sentimiento lúgubre y una tristeza que es como una niebla persistente que todo lo hiela. Tengo la sensación de que esa persona que un día me fue cercana, querida, apreciada o admirada, solo lo hubiera sido por mí y como no soy una pluma conocida, ni siquiera puedo contar su biografía (el cariño o el respeto desconocen muchas veces la historia), narrar sus hazañas o decir algo sobresaliente, sino ‘te echo de menos’, pues no creo que me publicaran esa necrológica. Además, ¿quiénes son esas personas a las que yo aprecio y quiero? Seres desconocidos, anónimos, como se empeñan muchos en decir ahora, aunque todo el mundo tenga nombre y los que padecen la anonimia son los que no saben el nombre de quien vive a su lado.

Quiero decir que una necrológica escrita por mí no tendría cabida en ningún periódico, sobre todo si su contenido fuera algo como sigue: Yo quería a esta persona, me gustaba su compañía, la admiraba por su capacidad de trabajo y su entrega. Apreciaba su delicadeza, su sentido del deber, su diligencia y su respeto hacia los demás. Me sirvió de mucho conocerla, compartir algunas cuestiones espinosas con ella, aprender de su ejemplo y de su palabra. Jamás hubo entre esa persona y yo resquemores ni enfados, recelos o envidias, temores o cortesías. Todo fue espontáneo, natural, agradable y tierno. Sin ñoñerías, sin cursiladas, sin bromas tontas. Sin confianzas excesivas, con silencios sonoros, con complicidades.

Bueno. Pues ya se puede ver que no hay información útil en esta necrológica. La única cosa positiva es que tuve la oportunidad de conocer y tratar a una persona verdaderamente especial que nos ha abandonado y de la que nadie ha escrito una necrológica. Solo yo y aquí.

En recuerdo de Soledad

Esta mañana me llama mi amiga Lourdes y me dice que ha muerto Soledad. Se podría decir que lo que yo siento por Soledad y he sentido desde que la conocí es parecido a un amor al que sabes que has de renunciar desde el primer día.

Hace ya muchos años, tras padecer síntomas de todo tipo sin que los médicos dieran con una causa fisiológica, se me ocurrió pensar que tal vez mi mente me estaba jugando una mala pasada y que sería bueno consultar con un psicólogo.

Le pregunté a una amiga y esta me dirigió a otra y esta última a una tercera que resultó ser Soledad. Durante siete años, divididos en dos periodos con un descanso intermedio, estuve asistiendo a su consulta, echándome en el diván y hablando de mi infancia. La infancia de una niña solitaria que descubrió demasiado pronto la impotencia de los adultos para librarla de los dragones, porque ellos tampoco podían huir de sus propios fantasmas.

Soledad no sólo me enseñó a ponerle nombre a mis miedos, sino que me llevó de la mano para que fuera capaz de reconocer mis síntomas y controlarlos. Nadie ha hecho tanto por mí como ella. El aprecio por su valía como profesional, la cercanía de nuestros pensamientos y modos de ver las cosas, porque éramos de la misma generación, de una manera natural nos habrían llevado a una amistad fraternal. Sin embargo jamás pudimos desarrollarla, ni siquiera iniciarla, por imperativos del método. El psicoanalista no debe ser amigo del paciente.

Pero nadie, ni siquiera el señor Freud y sus seguidores, pudieron impedir que yo la apreciara y sintiera una gran admiración por ella. En una palabra, que la considerara más amiga mía que a algunas de las personas que considero mis amigas. Es decir, siempre, desde el día en que descubrí que detrás del técnico había una persona cálida, humana, llena de humor y verdaderamente preocupada por sus pacientes, la quise y aún la quiero y nunca me olvidaré de ella.

Lo que más me duele no es haber tenido este amor frustrado, sino que eso me ha impedido mantener un contacto con ella fuera de la consulta. Así, no he sabido de su enfermedad, de su soledad (como una marca que ya estaba en su nombre), de sus padecimientos y de su muerte prematura. No he podido hacerle llegar en la distancia mi afecto, mi respeto, mi admiración y mi agradecimiento por el trabajo que hizo conmigo ni la alegría por haber conocido a alguien tan estupendo como ella. A veces las reglas están para romperse. Pero en esta ocasión no fui capaz de saltármelas, por respeto a ella y por egoísmo. Ese egoísmo que me decía no debes romper con la norma por si vuelves a necesitar de ella.

Gracias a Dios y a ella nunca más he necesitado volver al psicólogo que, aunque algunos snobs piensen que es una especie de moda, es un trabajo duro que obliga a remover precisamente aquello que no queremos tocar y que se esconde en el fondo de la última entretela. Podría haber intentado saltarme la norma y decirle a Soledad cuánto respeto y cariño sentía por ella. Me consuelo pensando en que creo que ella lo sabía y sabía de mi gratitud. Vayan estas letras en expiación de mi egoísmo.

Descansa en paz, preciosa.

Las cosas perdidas.

Hace unos días falleció Mario Perniola, el filósofo italiano. A quien le interesa eso hoy; la muerte de un filósofo. Escribió de arte y comunicación y analizó nuestro tiempo con gran agudeza, pero a quién le interesa eso hoy. Sin embargo, en este tiempo en que nos indignamos con tanta frecuencia, él proponía que nos dignásemos. Sería bueno que pensáramos en ello.

En el mismo diario en el que se recogía la necrológica de Perniola, se publicaba una entrevista con José Enrique Serrano, presidente de una comisión del Parlamento que tiene encomendada la tarea de plantear la posible reforma de la Constitución del 78. Conozco, aunque no somos amigos estrictamente, a Serrano desde hace muchos años. Por eso me leí con detenimiento la entrevista. Posiblemente a muchos les pasó desapercibida, pero fue un grato reencuentro con aquello que llamábamos ‘la gestión de la complejidad’. Serrano se empeñaba en mostrar que la reforma posible no ha de ser ni en una dirección ni en otra necesariamente, que no ha de ser total ni parcial, y sobre todo que no ha de ser prejuiciada, en el estricto sentido del término. Tuve la sensación de que hablaba, como Parniola de algo perdido para siempre y que poca gente sabría a qué se refería.

Anoche, me encontraba yo en una reunión de barrio y alguien que se dedica a la política local, a una alusión a que estaban allí porque los ciudadanos los habíamos votado, respondió que no se trataba de política, sino de hacer lo que los ciudadanos y vecinos necesitan.  Así que se ha perdido el sentido de la política, por si no nos habíamos dado cuenta; la gestión de la polis.

Me temo, sin embargo, que se ha perdido todo el rato la misma cosa; la capacidad de actuar con dignidad  y no por indignación.

Haciendo balance

Como todos los finales de año, suelo hacer un repaso de los acontecimientos que me parecen notables. Pero, no tengo claro por qué me he estado resistiendo al balance anual y ya hemos entrado en 2018 sin que me pusiera a ello.

Lo cierto es que en el mundo en general no ocurren más que cosas desagradables. Hemos entrado en una era en la que prevalecen los discursos de fanfarrones peligrosos que, acodados en la barra del bar (de aquellos casinos de pueblo de hace más de cincuenta años o lugares similares), se pasan  el día -eso sí empleando las nuevas tecnologías- en lanzar bravatas y sin sentidos o bien grabando su propia barbarie o el atentado contra los que consideran más débiles que ellos. Un mundo en el que la respuesta a estos hechos es el intento de retorno al antiguo modo de comportamiento, aquel que estaba poblado por personas de ‘orden’. En un caso y en otro, nadie parece defender la libertad razonable y razonada que va acompañada del respeto y no del temor. Ya no se defiende la justicia, sino el statu quo o lo que es peor, el retorno al pasado.

Se nos pasan los días manifestándonos por la carestía, por el paro, por las agresiones a las mujeres, por la falta de promoción de los marginados, por la desatención a los dependientes, por el mal funcionamiento de la sanidad, la escuela, las infraestructuras, las ficciones económicas de presupuestos, pensiones, sueldos y demás. Y ello sin contar con que deberíamos estar manifestándonos por muchas más cosas, como el hecho de que los aparatos de comunicación en el fondo sirven para saber dónde estamos y que hacemos. Hemos perdido privacidad y anonimato, tan necesarios como la sociabilidad y la identidad para llevar una vida equilibrada.

Tanta gente ahogada en los mares camino de un mundo que creen mejor, porque el suyo es peor que el infierno y no por casualidad, sino por la ambición de poder de algunos. Tanta gente que ha perdido su casa, su tierra, su trabajo, su familia, su dignidad y su esperanza, porque estaban en un lugar al que alguien le había echado el ojo, considerándolo solo como un espacio propicio para sus intereses de dominio. Los que se han quedado sin todo ello por la falta de respeto a la Naturaleza que se perdió, cuando el beneficio de unos pocos se convirtió en un dios todo poderoso e irrevocable.

Todo esto ocurre y mucho más de manera que es fácil sentirse abrumado y no saber a dónde acudir con tus pequeñas fuerzas y con tu sentido de la ética. Parece que lo propio sería taparse la cabeza con la manta, escuchar la música que más te gusta, comer tus platos favoritos y leer novelas de intriga.  Si además tienes una buena vida, con una salud conservada con la ayuda de dietas y fármacos, fáciles de soportar, cuando te nace un nuevo nieto que es un niño hermoso y apacible que, para colmo, se parece a ti y a tu padre, cuando tus amigos te aprecian y te lo demuestran, cuando tus hijos están bien y se defienden en la vida no sin dificultades, pero con alegría de vivir, cuando puedes contemplar u oír cosas hermosas que te alegran y caldean el corazón; buenos versos, buenos conciertos y ballets, teatro y pintura, entonces es terrible porque te sientes avergonzado de tanto privilegio y de la desigualdad de la que eres prueba. Posiblemente ese sentimiento de sonrojo es el que te impide hacer un balance del año pasado 2017.

Con frecuencia rezamos por nuestros gobernantes y por los que tienen alguna responsabilidad en la gestión de lo público, que en el fondo es la gestión de muchas vidas privadas, y en esos momentos flaquea la fe, porque Dios parece sordo a nuestras súplicas. Pero contra toda esperanza y con la conciencia clara del silencio de Dios, espero que al final de 2018 pueda hacer un balance del año que empieza con mejores resultados. Significará que sigo viva y que este mundo no es una prisión lóbrega para la mayoría de sus habitantes.

Mucha. Un pintor en el mundo real

He tenido ocasión de ver la exposición de A. Mucha en el Palacio Gaviria. Además de las obras y sus procesos, en esta exposición se aporta mucha información acerca del pensamiento y posiciones del pintor. Dando un repaso a su vida, se puede seguir la evolución de muchos acontecimientos históricos de su época, así como de la evolución del pensamiento en el siglo XIX.

No sólo es un pintor y un ilustrador, sino un hombre comprometido con las circunstancias reales de su entorno. Perteneciente a una pequeña nación absorbida por el Imperio austro-húngaro, se convierte en un nacionalista y en un defensor de la cultura y las señas de identidad de su pueblo y de otros pueblos eslavos. Su obra más impresionante rescata la dignidad de su pueblo. Por otra parte, los adornos florales que aparecen dispersos en su obra de cartelería y en sus grandes cuadros recuerdan constantemente las guirnaldas de flores que sus compatriotas lucen como parte de su atuendo tradicional, opuestas a caprichosas formas del cabello que terminan recordando a la caligrafía de los ‘firmanes’ otomanos. De este modo en su obra se puede comprender de manera simbólica cuáles eran los ejes entre los que se movía el mundo en su momento

Pero además de eso, es un hombre interesado por el ocultismo y la teosofía, tan en boga en su época y eso se refleja también en su pintura. Perteneciente al gran movimiento de la fraternidad universal, llegando a Gran Maestre de una logia masónica;  se instala en el centro de esa forma de pensamiento y conocimiento con grandes intereses en el desarrollo social, técnico y científico que se puede observar entre los grandes intelectuales de todas las naciones del siglo XIX.

Podemos decir, pues que Mucha, no sólo creó un estilo propio en la ilustración y en la pintura y otras artes, en el siglo XIX y comienzos del siglo XX, sino que vivió siempre inmerso en las grandes corrientes intelectuales, sociales y políticas de su época. Se puede decir que era un hombre militante y comprometido.

A esto es a lo que me refería en otras reflexiones que aparecen en este blog. Los grandes artistas e intelectuales no son solo seres especulativos que encerrados en su espacio artístico se aíslan del mundo y permanecen en él ajenos a lo que les rodea, bajo la excusa de que ellos no se dedican a la política o al pensamiento. Si no hay una posición frente al mundo, comprometida y que intenta transformarlo de alguna manera, si no hay una posición comprometida con la ética, no existe la estética o esta es vacía e inane y pasará en el momento en que se acaben los reconocimientos coyunturales, los intereses sociales y mundanos. No será nunca una obra artística imperecedera.

A. Mucha, un gran pintor, con una estética muy particular, reconocible e influyente en otros artistas y en toda una corriente, es sin duda un artista universal e imperecedero, no porque creara una moda, sino porque, acertada o desacertadamente, se comprometió con su mundo real y con las necesidades de los pueblos.

 

Cosas sin importancia. Fiestas de Navidad en Vistalegre

La celebración de la Navidad se ha convertido en un comercio, en el que se da mayor énfasis al mucho comer y al mucho gastar en regalos, a poder ser en esos que salen en los anuncios y en las revistas. Pocos son los espacios que en estas fiestas se dejan a las tradiciones que expresan el sentir de un pueblo o a los actos culturales y las expresiones artísticas que señalan a las inquietudes del alma.

En Vistalegre, bajo el lema Una Navidad de cine, sin embargo se está prestando atención a ello. Pocas son las bombillas de colores, pero en la carpa instalada en el jardín de Juan Alcolea, están teniendo lugar proyecciones de cine con un fin solidario, actuaciones de peñas huertanas, entre ellas la del Zaragüel que es de este barrio, con su excelente coro infantil que es una delicia, coros de voces blancas, cantando villancicos, coros de mayores cantando también villancicos, grupos de adultos cantando por las calles y en los comercios de la zona el Despertá. En fin, una explosión de actividades de participación y de compartir, tal como deben ser unas fiestas de Navidad. Por supuesto que se come, desde luego se regalan cosas, pero lo importante es el sentido de pertenencia, el sentido de fiesta de comunidad. Todos somos pastores que van a Belén a celebrar que se ha cumplido la promesa; la mejor promesa que nadie nos podría hacer: Dios con nosotros.

Un Dios que se hace chiquito, un Dios que nace entre nosotros y toma nuestra carne y nuestra forma de vivir para demostrarnos que somos sus criaturas preferidas, la niña de sus ojos.

Me alegro de vivir en un barrio en el que sus gentes conservan el espíritu de comunidad, en que se colabora y se pone lo mejor de cada uno, se comparte y se conservan las tradiciones con entusiasmo, cariño y dedicación. Felicidades a todos. Pasad una buena Navidad y no olvidéis jamás el verdadero sentido de lo que celebramos. Pero… esto no ha hecho más que empezar.

Noche de cine y palomitas

Se canta en el Despertá

El coro infantil de la Peña el Zaragüel

La comisión de fiestas casi al completo

El alcalde visita el mercadillo de arte promovido por la Escuela de Artes

Concierto de voces blancas

 

Más poesía

A Luis

Mirando tus ojos

 

Miro tus ojos claros y veo

Sin nostalgia los días de la juventud.

Miro tus ojos y conozco qué es la eternidad;

Como un mar en calma me anuncias

La gloria de la vida que no cesa.

Ya sé que envejecemos,

Ya sé que la pasión no nos ciega

Ya sé que los achaques nos acechan,

Pero tu mano cálida en la mía

Y tus ojos claros, incluso si te has ido,

Me llevan a los días de paz,

A los días de trajín y proyectos,

A los de la incertidumbre y las congojas,

A los del amor desbordado

A los de toda una vida, contigo.

 

 

Para José Ángel

Diálogo

 

Me dices:

  • Si no hay dolor no hay versos.

No lo dudo, pero lo niego.

Porque el dolor es la medida del gozo.

Si aquel se va, queda este

Y engolfados en ese nuevo sentimiento,

podemos pasar días y noches

con los ojos muy abiertos

entre la gloria de la alegría

y el temor de que vuelva el sufrimiento.

Ese temblor ¿no merece un verso?

 

Me dices:

  • Aún así, si no hay dolor no hay poema.

Te replico con fervor,

Con el convencimiento del converso,

Lo siento, pero el poema viene de más allá

Y no es lo que busco, sino lo que encuentro.

Ahí está la vida y es a la que miro,

Entre risas o entre lágrimas,

Y la vida es siempre un verso.

 

Para Montse

Del  hogar

 

El gato, efigie cálida de ébano, ronronea

Inmóvil al pie de la cama recién hecha.

Sueña con los días de caza y su inquieto

Perseguir de aves aventureras.

La calma de su respiración me sosiega

Y es símbolo sedoso de la paz de mi alma.

El gato se despereza y la vida se renueva.

Me sigue y me reclama, frotándose con mis piernas.

El gato no es mío, estoy en su casa.

Me deja ir y venir como si me la prestara.

Un arrebato poético

La poesía es a veces contagiosa

A mis amigos poetas

 

Urgencia

 

El  verso urge y se precipita llamando

a una pérdida todavía no vivida.

El poema se lanza raudo hacia

Una pena de amor que no llega.

¿Son esos lamentos fingidos pura letra?

¿Es ese, sin nombre, oficio de poeta?

Esos versos al acecho,

Ese poema que es amenaza de tristeza

¿de verdad son poesía

O son trabajo perdido de profeta?

No será mejor vivir y esperar a que llegue el verso,

No será mejor que el poema se desplome

Cuando la vida incierta se derrumbe.

A qué tantas anticipaciones.

¿Prisa por vivir o prisa por escribir?

 

Tal vez

 

De un cielo limpio hacer tormenta,

De un mar en calma amenazar galerna,

De los amores serenos hacer tristeza

Y pasión perdida.

De la vida en decadencia precipitar la muerte

Y envolverlo todo en el manto de la nostalgia.

Ya me lamento de lo que no ha sido desgracia

Porque el verso alegre, distendido, no es poema;

Porque la vida en paz no es poética.

Para qué entonces dejas

Los días de apacible monotonía,

De rutina casera y tibia.

No. Esos no cuentan.

Para escribir hay que sufrir.

Tal vez.