Archivo por días: 19 febrero, 2021

El árbol del bien y del mal

Vivimos una época complicada. De esto no cabe duda. La terrible enfermedad que nos asola, que se lleva vidas o amarga a muchos las suyas; que deja secuelas que impiden desarrollar la actividad habitual; que obliga a los niños a ir enmascarados y a no ver a sus amigos y parientes; que impide a los amigos reunirse o a los padres encontrarse con sus hijos y nietos; que no deja que la gente se desplace a municipios cercanos o lejanos, que viaje o vaya a visitar espacios que le apetece conocer. Las secuelas de esta pandemia son por otra parte terribles porque han modificado irremediablemente los modos de vida; ya no es fácil ser un vendedor ambulante, ni un feriante, ni un restaurador. Obligan a muchos a convertir su casa en su oficina lo que sin duda comporta una terrible renuncia; la de distinguir entre un espacio público y uno privado. En fin, podríamos continuar con la ristra interminable de males que sigue a este mal. Sin embargo, la intención de estas letras es otra.

Muchos de los que estudiasteis Historia sagrada en vuestra infancia y otros por razones de creencia o simple cultura conocéis el relato del paraíso y de la expulsión del mismo de Adán y Eva por comer del ‘árbol del bien y del mal’ o el ‘árbol del conocimiento’. En ese mito del origen, parece que el Dios creador se reservó el conocimiento para sí mismo, dejando al hombre en un estado de inocencia perpetua. Es posible que el Señor pensara, en principio, que los seres humanos serían más felices si no percibían la maldad y por tanto podían desechar el temor o la culpa y, puesto que había creado a aquellas criaturas humanas con verdadero mimo y cariño, poniéndolas al frente de toda la creación para que disfrutaran de ella, estimó oportuno privarlas de ese conocimiento. El conocimiento, por otra parte, no es sino producto de la propia vida. Eso que llamamos experiencia y, consecuentemente, era de prever que caerían en el conocimiento, aunque fuera solo por desobedecer una orden.

Si echamos la vista atrás y nos remontamos a nuestra infancia posiblemente muchos de nosotros recordaremos algo que hicimos, sin querer, de modo inadecuado y nos enseñó a distinguir lo que está bien de lo que está mal. Eso es lo que cuenta el mito; los seres humanos, por el simple hecho de estar vivos y de actuar, necesariamente conocemos el bien y el mal a partir de hechos nimios, ejemplificados perfectamente en el acto inocente de comerse una fruta.

Sin embargo, recientemente, se han producido algunos acontecimientos sorprendentes y los que han incurrido en ellos han mostrado un total desconocimiento de la distinción entre el bien y el mal, o bien, lo que es peor, distinguiéndolos, han reflexionado acerca de otros posibles perjuicios o beneficios y han tomado decisiones a favor del mal.

Se podrían presentar múltiples ejemplos, pero me centraré en dos nada más. El primero de los hechos es el de saltarse los protocolos establecidos y vacunarse fuera de orden. Es llamativo que casi todos han dicho no haber caído en la cuenta de que obraban mal. Esto me sorprende en adultos ilustrados. Cuando menos, debería haberles dado pudor aducir una excusa tan burda. Solo comparable a las respuestas de Adán; la mujer me engañó o, la de la mujer; la serpiente me engañó. Pero en el mito, ya que no es más que un cuentecillo, está justificada una excusa tan infantil. No hay que olvidar que estamos en los principios de los tiempos.

Estas excusas producen sonrojo, sin duda, y hablan de una mentalidad infantil que no distingue el bien del mal. Los sujetos en cuestión me conmueven en su miseria. Al menos, Adán y Eva estaban avergonzados; estas criaturas no. Simplemente no cayeron en la cuenta de que esas cosas no se hacen porque están mal. La vacunación persigue el bien común y establece el orden de los más vulnerables. Esto lo entiende cualquiera. Ya digo, estoy pasmada.

El segundo acontecimiento es el proceso de impeachment del expresidente de los EEUU. Por supuesto que es una decisión colectiva y los de su partido iban a votar en contra porque les arrastra la vergüenza de su antiguo jefe de filas. Pero qué clase de jefe de filas de un estado poderoso y que se pretende ejemplar azuza a sus seguidores a comportarse como vándalos (pobres vándalos). Qué clase de persona, si no se le marca el territorio, acabará insistiendo en ser de nuevo presidente y llevando aún más lejos la vergüenza generalizada a la que ha sometido a su país y muchos otros lugares en el mundo, sin que sus correligionarios le pongan freno. Entre el bien y el mal, esos senadores  han debido echar sus cuentas y han llegado a la conclusión de que ‘para ellos’ era mejor que no se estigmatizara a su exjefe. Estos seguro que saben distinguir entre el bien y el mal, pero tal vez piensan que del mal van a obtener alguna ventaja o evitar algún perjuicio. Su acción no es de infantilismo o ignorancia, es de interés y perversidad.

Si uno piensa un ratito, puede distinguir entre estas dos posiciones frente al dilema del bien o el mal. Claro que es posible que, a día de hoy, la manzana, el árbol y la serpiente queden muy lejos y, por otro lado, quién tiene tiempo de pararse a pensar en tonterías propias de trasnochados moralistas.