Presencia

Mi madre empleaba mucho la frase ‘ser el perejil de todas las salsas’, que señalaba a esas personas que quieren ser el novio en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Vamos, que quieren ser siempre el centro de atención. Esa actitud, al menos bastante frecuente, señala a alguien que o bien siente una alta autoestima o bien todo lo contrario y necesita el refrendo de los demás.

Esa necesidad de protagonismo me lleva a plantearme aquello del ser y el parecer o, si no se quiere ser tan solemne, del ser y el estar. Cuando uno enseña español a un extranjero, se da cuenta de lo difícil que es hacerle distinguir entre el verbo ser y el verbo estar, ya que en un buen número de lenguas esa realidad no existe. En árabe, por ejemplo, sólo hay un verbo para esas dos ideas, sin embargo, la lengua se las ha ingeniado para distinguir con claridad el uso; se ‘es’ siempre que lo que siga señale a una cualidad permanente y se ‘está’, cuando tras el verbo aparece un adjetivo que señala a algo transitorio o bien hay una preposición que señala a un lugar o a un objeto. Entonces el verbo se transforma no solo en un estar, sino en un haber y, finalmente, en un tener y ya se sabe que lo de tener o no tener puede ser algo azaroso; hoy eres rico y mañana no, por ejemplo.

En español, al tener dos verbos que señalan directamente a estos matices y por supuesto a los de tener o haber, a veces yo creo que no se notan las diferencias. Parece que no cabe duda y sin embargo se usan de modo inadecuado o se viven de manera inadecuada, lo que es peor. De ahí tal vez el afán de estar, en lugar de ser.

La presencia de muchos en las redes sociales no se entiende como un medio de comunicarse con otras personas a las que no ves a diario y, ahora con la pandemia, mucho más. Se entiende más bien como un escaparate en el que venderte y venderte del modo en que mejor te puedan comprar. Así vemos que muchos no emplean este medio más que para mostrar su mejor rostro, su gran sonrisa, su pose más atractiva o para señalar cosas suyas que quieren que los demás conozcan. El medio, por otra parte, parece comprender esta realidad a la perfección y, por un lado te ofrece publicidad acerca de objetos por los que en algún momento te has interesado o bien te invita a invertir unas monedas en ‘colocar tu producto’. Resulta sumamente difícil hacerle entender al medio que tú no eres un objeto en venta, ni siquiera tienes algo que vender. No quieres ser famoso, sino aprovechar este medio cómodo y directo para comunicarte con gente a la que aprecias y está lejos, o con gente a la que no ves con frecuencia y cuya vida y sentimientos te interesan o también su producción artística, que te ofrecen gratuitamente, haciéndote disfrutar de su capacidad de dar nuevas versiones de la realidad. Te gusta usar ese medio para conectar con gente que ‘es’ y te cargan todos aquellos que solo aparecen para ‘estar’.

Son presencias indeseadas y cargantes que no ofrecen nada. En muchos casos, puedes llegar a comprender que el medio les permite mostrar una imagen de sí mismos que no se corresponde con la realidad y que, al menos, les permite vivir una vida diferente de la que desgraciadamente les ha tocado. Así, alardean de sus amores, de sus ropas, de sus posturas, de sus viajes, de lo que otros les han dicho o de lo bien que les va, cuando la cosa no es tan brillante. Responden al ‘dime de qué presumes’ y eso los excusa, y te hacen sentir una cierta ternura por esa miseria que pretenden ocultar, no a tus ojos, sino a sus propios ojos.

Pero, en otros casos, son apariciones intermitentes, cuidadosamente espaciadas en el tiempo que lo que pretenden es sorprender y resultar relevantes. Se dedican a hacerse propaganda: He hecho esto o lo otro o lo de más allá y sé que no pararéis hasta encontrar esa maravilla que he hecho, porque todos sabéis que soy especial y lo que produzco es excelso. No es el artesano o el artista o el escritor que viven de su producción y por tanto usan el medio para que no decaiga la atención sobre su trabajo. Porque eso es: un trabajo. No, son aquellos que viven de otra cosa y que solo miran al mundo como a un gran zoco del que obtener beneficio. Tienen una mercancía y por allí pasan miles de potenciales clientes. Ellos son mercaderes y mercadean con lo que sea.

No son lo que se ve, están para que les vean y son solo eso: una presencia.

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